El viejo del visillo @espamuru

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Estimado, o no:

La tercera acepción del diccionario de la RAE define virtual como algo “que tiene existencia aparente y no real”. Se me ocurren varios ejemplos de cosas virtuales: una muñeca hinchable, la carrera política de Inés Arrimadas o la democracia en España. Parece que estén ahí pero en realidad las tres tienen tendencia a deshincharse cuando pinchas un poco. Son virtuales como la ironía. Bueno, mal ejemplo.

Cuando una persona decide crearse una cuenta en Facebook, Instagram o Twitter no deja de ser real para convertirse en un personaje de los SIMS por arte de magia. Sigue haciendo popó, le siguen doliendo las mismas vértebras, sigue queriendo hacer la Operación Bikini durante todo el año… El hecho de crearnos un perfil en una red social, no nos transforma en virtuales. Seguimos siendo personas reales, con carencias reales, virtudes reales y pensamientos reales.

No sé en qué momento decidimos que la vida en las redes sociales es “virtual” para poder confrontarla con la vida “real”. Las dos son reales. La prueba es que cuando nos morimos, ya no estamos en condiciones de escribir tuits, ligar en Facebook o colgar preciosas fotos de paellas en Instagram.

Uno de los retos para la educación es explicar a los niños y jóvenes que todo es real. Lo que nos sucede a todos es real. Enamorarnos, pelearnos, insultar, abrazar, enviar un mensaje directo en Twitter, presumir de abdominales en Instagram… todo es real. Y lo más importante es vivir una vida real. Vivimos en presente, improvisamos en presente, nos equivocamos o acertamos en presente y dentro de cien años, todos calvos. Por esta razón, hay situaciones que suceden en las redes sociales que no acabo de entender.

No estoy en contra de que existan miles de perfiles anónimos. Todo el mundo está en su derecho de proteger su intimidad. El problema nace cuando se utilizan esos perfiles anónimos para insultar o amenazar. Es el concepto clásico de “vieja o viejo del visillo”. En los pueblos existe una figura tradicional en su paisaje humano, me refiero a esa anciana o anciano que se parapeta detrás de la cortina para espiar y criticar a los vecinos. Huelga decir que en su micromundo no es feliz, vive amargada/o con sus prejuicios y está deseando que alguien realice una visita a su casa para soltar toda la porquería que ha acumulado en su mente de cotilleos, chafarderías y bilis acumulada. Creo que en el siglo XXI las redes sociales (transformadas ya en redes asociales por obra y gracia de la condición humana) han institucionalizado la figura de la vieja/o del visillo. Son personas que renuncian a exponerse, pero no por un cierto sentido de protección lícito o porque no busquen ningún narcisismo, sino para exorcizar sus demonios. En muchas ocasiones, además, cuentan con muy pocos seguidores. Lo cual es tan surrealista como subirse a una silla en una plaza, tapado hasta las orejas cuando está lloviendo y todo el mundo se encuentra tranquilamente en sus casas. Lo sé, todos hemos empezado con cero seguidores. Pero es que tú llevas más de tres años en Twitter y sólo tienes treinta. Algo debes estar haciendo mal.

Quizás estoy equivocado pero creo que en todo acto de comunicación la figura del emisor es muy importante. Son importantes el mensaje, el canal, el código, etc, pero el emisor es fundamental. Si nos escondemos en el anonimato renunciamos implícitamente a que se conozca el emisor y, en consecuencia, restamos valor al mensaje y, por supuesto, a nuestra persona. Repito: persona real, no virtual. No existen las personas virtuales. Son, si acaso, personajes de una ficción en forma de película, serie o videojuego. Nosotros, tú, yo, somos reales. Nuestras opiniones valen lo que valemos nosotros. ¿Qué méritos tienes tú? ¿Qué aportas a la sociedad? ¿Por qué quieres ser apreciado? ¿Qué te hace diferente a otras personas? ¿Cuál es tu imagen de marca? ¿La bandera española y el escudo del Madrid? ¡Venga, va! Triste, ¿no?

Insúltame, si quieres, pero da la cara. Ser el viejo del visillo es muy triste. Por cierto, no sé de dónde sacas lo de los 500 euros. No monetizo absolutamente nada de mi blog… de momento. Para que veas que a los catalanes no nos mueve tanto el dinero. Somos capaces de escribir gratis por amor al arte. Otros lo hacen por amor al insulto y desde la trinchera del anonimato. Fucking life!

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