La momificación del PSOE

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Estimado, o no, ZP:

En el Antiguo Egipto el proceso de momificación pretendía impedir que el cadáver llegase a su putrefacción natural. Los egipcios creían que así el cuerpo material podría unirse con su alma en el más allá. El proceso era muy elaborado ya que los embalsamadores lavaban y preparaban el cuerpo del fallecido durante casi tres meses. El cuerpo sin vísceras se secaba al sol, se cubría con varias capas de aceites, se ponían vendas sobre el cuerpo y se colocaban determinados amuletos entre estas vendas. También se cubrían en ocasiones con máscaras, normalmente policromadas. A los reyes, además, se les depositaba en el interior de una pirámide para que se conservara su esencia durante toda la eternidad. Para que lo entiendas, sería como el artículo 1.3 de la Constitución Española: “la forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”.

El proceso de momificación en el PSOE guarda ciertas diferencias respecto al que se practicaba en el Antiguo Egipto pero la función es la misma: conservar la esencia de cadáveres políticos. No se les extrae las vísceras, ni se les deja secar al sol (aunque el moreno de Felipe González no parece normal), ni se les cubre de aceites, pero las vendas en los ojos dan varias vueltas, no vayan a tener la tentación de ver la realidad y hacer juicios acertados. La pirámide suele tener forma de consejo de administración en alguna hidroeléctrica y los fieles súbditos (cuando no están luchando entre ellos para agarrar una silla) suelen escuchar sus “enseñanzas” como si estuviesen escritas en piedra (aunque ahora los jeroglíficos tienen el aspecto de emoticones tuiteros).

En el PSOE, además, las momias tienen la costumbre de resucitar como en una de esas películas de serie B que aún se pueden encontrar en VHS. Y cuando resucitan suele ser para mostrar que en el proceso de momificación su pensamiento ha involucionado, para recordarnos que siempre hay un camino a la derecha y que el socialismo fue aquella ideología que les sirvió para encontrar un lugar en el mundo pero que ahora languidece a la espera de tiempos mejores.

Y es que esas momias se permiten el derecho de afirmar, con las vendas dándoles varias vueltas a los ojos, que en Catalunya somos machistas y etnicistas. Así, porque sí. Y da igual si la presidenta del Parlament es una mujer, si el expresidente de la Generalitat es andaluz o si la líder de la oposición es mujer y andaluza. Y da igual si España sigue sin tener una presidenta de gobierno o si el PSOE continúa sin conocer una secretaria general. Lo importante de una momia es hacerse eterna para que sus insinuaciones sin argumentos, su demagogia o sus insultos a la inteligencia colectiva también lo sean. Ojalá las momias se preocupasen más del atávico machismo de la sociedad española y del etnicismo del nacionalismo español más casposo.

Y ahora resulta que en Catalunya no hay andaluces, hijos de andaluces o nietos de andaluces. Y resulta también que en Andalucía no hay personas que no soporten a Susana Díaz. Todos la deben verenar, supongo. Y, por supuesto, debes esperar a que pongamos una plaza con el nombre de Susana Díaz a la que ha dicho que el catalán es un acento o que los catalanes queremos trocear la riqueza de España.

Lo más bonito de todo esto es que a Susana Díaz muchos la llaman “la faraona”. Pues nada, ya sabemos quién será la próxima momia.

Àlex_Ribes

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