No me persuadas tanto

persuasión

Estimado, o no:

Si entendemos que persuadir es “conseguir con razones y argumentos que una persona actúe o piense de un modo determinado” tienes toda la razón. Los independentistas no somos objeto de ninguna persuasión. De alguna manera, sería la misma persuasión que la de un dentista que te quiere practicar una endodoncia sin anestesia y que te dice: “tranquilo, no duele”. A lo que tú (recordando el chiste de Eugenio) respondes agarrándole fuertemente los testículos y diciendo: no nos haremos daño, ¿verdad?

Me encanta el verbo persuadir. Por lo menos es mejor que los verbos amenazar, insultar o agredir. Porque una cosa es llamar catalufo a alguien y otra cosa es argumentar el porqué querer votar te convierte en un terrorista. El primer acto es primitivo y el segundo necesita unos mecanismos mentales más complejos y de imposible argumentación. Perseguir parece fácil, especialmente cuando tienes poder. Perseguir, además, es un verbo que puede transformarse fácilmente en verbos como abusar o acosar. Y es que la gestión irracional del poder muchas veces va encaminada a la eliminación del adversario, más que a la seducción o a la demostración de que los argumentos propios son mejores. De hecho, el poder más democrático y justo, lo que intenta es integrar los argumentos ajenos en los argumentos propios para lograr un acuerdo. Por ejemplo, si un hijo te dice que quiere un helado, tú le puedes decir que no. ¿Por qué?, te responderá el hijo. Porque lo digo yo… y punto. ¿Es eso persuasión? No ¿Es eso democrático? Es más bien autoritario. ¿Y qué sucede si le respondes con un pensamiento un poco más elaborado? Ahora no porque queda poco para cenar. Si te apetece, te puedes tomar uno de postre. Quizás tampoco te libres de una pataleta pero, al menos, estarás con la conciencia tranquila de que:

a) has intentado persuadir con argumentos y

b) has integrado sus necesidades (o deseos) en un marco más amplio por lo que:

a) has demostrado inteligencia y

b) has intentado tener una sensibilidad democrática empatizando con sus necesidades (o deseos).

Por lo tanto, cabe afirmar que el estado español lo último que hace con el independentismo es persuadirlo. Porque cuando la única respuesta es la Constitución, las leyes, el Tribunal Constitucional, que vagaremos por el espacio, que nos echarán hasta de la tabla periódica y que el Barça jugará contra el Figueres, lo que te pide el cuerpo es un “métete la Constitución por el recto y sigue ascendiendo hasta que el preámbulo y el artículo 155 te queden a la altura del esófago”.

A esta situación nos ha traído el autoritarismo y el “jode a los catalanes” como palanca de atracción de votantes. Pero llega un momento en el que esa “persuasión” deja de funcionar. Y es el momento en el que el miedo se transforma en dignidad. Y aquí estamos. Deseando que llegue el 1 de octubre. Deseando tener voz, voto y un futuro que no sea la “persuasión” de un estado fallido.

Àlex_Ribes

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