En busca de cerebro, corazón y valor

magooz

Estimado, o no:

En 1900, Lyman Frank Baum escribió un libro llamado “El maravilloso mago de Oz”, con ilustraciones de W.W. Denslow, del que en 1939 Víctor Fleming dirigió una versión cinematográfica. En esta novela infantil la protagonista era una niña llamada Dorothy pero, seguramente, los personajes más interesantes eran el Espantapájaros, el Hombre de hojalata y el León. El primero de ellos, el espantapájaros, quería conocer al mago de Oz para que le diese un cerebro. El Hombre de hojalata lo que necesitaba era un corazón de verdad para tener sensibilidad. Por último, el León vivía acobardado y lo que precisaba del mago era valor.

En 1900 no existían las redes sociales, la gente no se gritaba en programas de televisión basura, ni se hacía selfies compulsivamente. Supongo que existirían cuñados, de esos que creen saberlo todo. Sin embargo, lo que más me llama la atención de la novela es que el bueno de Lyman, que llegó a escribir hasta trece novelas más basadas en el mundo de Oz, logró anticipar los arquetipos que nos encontramos cada día en las redes sociales y en los medios de comunicación.

Hay seres en busca de cerebro. Sí, ya lo sé, de alguna manera tienen uno que les impide que se hagan sus necesidades encima, les permite incluso el privilegio de hablar o escribir, pero uno tiene la sensación de que no acaban de aprovecharlo en muchas de sus posibilidades. El cerebro, bien utilizado, permite diferenciar lo que es correcto de lo que no lo es, lo que uno puede o no escribir o decir y, en definitiva, el cerebro pone en marcha la maravillosa función que origina un sistema de creencias potente que te permite vivir en sociedad sin que los demás piensen que eres un auténtico gilipollas.

Hay otros que buscan corazón. En muchos casos (no siempre) parecen inteligentes. Sin embargo, son incapaces de ponerse en la piel del otro, carecen de empatía, de sensibilidad. Así, su paso por la vida es un relato amargo, odian y se odian, no disfrutan no ya de la compañía de los demás, sino incluso de la suya propia. Quizás su actividad intelectual les haga parecer normales pero viven su soledad como una losa.

Y después están los cobardes, los que hacen daño para después esconderse. Quizás se aprovechan del anonimato de las redes sociales o quizás carecen del valor suficiente para vivir en coherencia con aquello que piensan. Pero son como el león cobarde de la novela. Viven con miedo y, además, intentan que los demás también integren ese miedo en sus vidas.

Pues bien, después de estos años de leer auténticas burradas en las redes sociales, la conclusión es inmediata: hay seres antropomórficos que reúnen en sí mismos a los tres personajes que imaginó Lyman Frank Baum. Inteligencia, sensibilidad y valor son tres características intrínsecas al ser humano pleno, al que ha adquirido cierta autoridad sobre sí mismo, al que se ha ganado el derecho a amueblar su alma con libertad.

Por eso, Jesús, no te deseo lo peor. Desearte lo peor sería una derrota para mí. Te deseo lo mejor, pero no por ti sino por los que te rodean, que no tienen la culpa de que no hayas aprendido a vivir. Deseo que tengas tanto éxito como los personajes de la novela y que encuentres a tu mago de Oz. Te deseo un cerebro, un corazón y valor para saberlos utilizar. Quizás también desee que te cierren la cuenta en Twitter pero ése es otro tema.

nou final

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