Carta abierta a la juventud

Estimada juventud:

Os escribo para pediros perdón. Quizá sea el primer perdón generacional que os pidan. Eso sí, lo hago a título personal y sin el ánimo de que nadie de los que ronde mi edad se sienta aludido. El caso es que pertenezco a la que Douglas Coupland llamó Generación X. Somos aquellos que nacimos en los 60, los del baby boom y un desarrollismo ficticio. Somos los que durante una semana no fuimos al cole porque se murió Franco o los que vimos el 23F sin saber muy bien de qué iba aquello. También fuimos aquellos a los que nadie pidió perdón por obligarnos a hacer la mili o por amputar accesos a la universidad con notas de corte, alegando que éramos muchos. Pero no quiero hablar de nosotros porque en esta carta los importantes debéis ser vosotros. ¿Y por qué os pido perdón?

Cuando tenía vuestra edad, pensaba en que seríamos capaces de construir un mundo mejor, estaba convencido de que mi generación superaría en expectativas a generaciones anteriores. Forma parte del curso de la Historia que cualquier generación se considere mejor que las que le precedieron. Sin embargo, no ha sido así. Mi generación (y también otras) se ha llenado de corruptos, de burócratas adocenados, de mediocres con ínfulas de iluminados, de salvapatrias y de genocidas de la sensatez. Mi generación (y también otras) os ha llenado la cabeza con la palabra futuro y os lo ha vendido como si fuese la única razón de ser de vuestra vida. Futuro, futuro y más futuro. Muchos de vosotros ya os sentís en el futuro. Habéis pasado por las aulas, habéis realizado cientos de exámenes, habéis hincado los codos para que el futuro se pareciera a lo que os habíamos prometido. ¿Y ahora, qué? Ahora ya estáis en el futuro. 50% de paro juvenil. Aumento de las tasas universitarias. ERE’s que ya ni son noticia. 6 millones de parados.

No sé qué deciros. Supongo que no valen lamentos. Me imagino que no hay demasiadas excusas. Estoy seguro que tenéis la sensación que alguien ha firmado por vosotros una vida que no corresponde a vuestros méritos, a vuestra formación y a vuestro potencial.

Muchos ya se han encargado de recordaros la importancia de saber idiomas. Pero cada vez más tengo la sensación que lo hacen (hacemos) porque existe una clara resignación ante el hecho de que seréis la mano de obra de Alemania o del Reino Unido y bajo ese eufemismo patético que llaman minijob. Son tiempos en los que ya nadie confía ante lo que se suponía que habíamos construido: una sociedad del bienestar con derechos sociales, un espacio público que atendiera las necesidades de los desfavorecidos, un país en el que el talento contribuyera a la construcción de un estado mejor. Ya no sé dónde han quedado esas ideas. No logro acertar a comprender en qué lugar de la película el guionista se volvió perezoso.

Sois únicos e irrepetibles. Sois miles de años de evolución intelectual. Sois la herencia de la eterna lucha por alcanzar autoridad sobre nuestros actos. No renunciéis a ello. Porque si cometéis ese error, también renunciaréis a ser vosotros mismos. No sé dónde crecerán vuestros hijos. No sé dónde cederéis vuestro potencial a cambio de un salario. No sé dónde emprenderéis el riesgo de crear un negocio. Pero jamás olvidéis que sólo vosotros contáis con vuestra experiencia, sólo vosotros habéis leído unos libros en concreto, sólo vosotros habéis viajado a unos lugares específicos, sólo vosotros habéis tenido esa familia, esos amigos, esas conversaciones. Sois únicos e irrepetibles. Lo único que espero es que jamás debáis pedir perdón a la siguiente generación. Mi hija os vigila.