Carta al sexólogo del ABC @abc_es

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Estimado, o no, sexólogo del ABC:

He leído tu artículo que tiene como titular “¿Es realista esperar al matrimonio para tener relaciones sexuales?” y te he de decir que empiezo a pensar que eres un cruce entre Mary Poppins y un Teletubbie. No soy capaz de imaginarme cómo debe ser una vida envuelta en papel de celofán pero sí que me gustaría advertirte que una cosa es la realidad y otra muy diferente es tu realidad. Ya sé que los que tenéis a un amigo invisible os gusta que vuestros proyectos vitales se parezcan a una tarjeta de crédito. Ya sabes: disfruta ahora y paga más tarde (Woody Allen dixit). Sin embargo, para los que creemos que el relativismo es lo que dota de sentido a esta experiencia que es la vida, preguntas como las que formulas en tu texto nos provocan cierta vergüenza ajena.

Tengo la impresión que ver la vida en blanco y negro debe ser muy fácil. O es pecado, o no lo es. O estás conmigo, o no lo estás. O te esperas, o te esperas. Pero permíteme que te diga que la realidad es multicromática. La paleta de colores es muy amplia. Y nadie, absolutamente nadie, tiene la franquicia del amor. Y nadie, absolutamente nadie, tiene la franquicia del sexo. Y es que, amigo mío, amor y sexo son dos cosas diferentes. Te guste, o no, el amor y el sexo son como el café y el azúcar. Pueden ir juntos o separados. El café puede estar cargado o no. El azúcar puede estar refinado o no. Hasta te puedes poner sacarina, si te apetece. El problema tiene lugar cuando se crean infiernos en la Tierra haciendo que la gente se beba el café de una determinada manera.

En segundo lugar, das por sentado que la máxima aspiración vital de un joven es casarse. Nuevamente aparece la vida en blanco y negro. Por si no lo sabes, las personas deciden establecer relaciones con otras personas a partir de un sinfín de situaciones: viviendo en pareja con hijos, sin hijos, entre divorciados, entre homosexuales… Hay familias monoparentales… Hay familias con hijos biológicos y adoptados… Y también hay matrimonios. Y bienvenidas todas las formas de unión… o de vida sin pareja. Y ojalá que en cada uno de esos hogares haya amor. Y ojalá que todas las relaciones sexuales que se establezcan en la sociedad sean consentidas y sanas. Y ojalá que la paternidad/maternidad sea responsable. Y ojalá que ninguna relación se contamine con credenciales de posesión o de dominio. Y ojalá que entre todos seamos capaces de erradicar los embarazos no deseados entre los jóvenes. Y ojalá mejoremos entre todos la información sexual, especialmente cuando detrás esté la ciencia y no la ideología. Y ojalá nos dejemos de discursos obsoletos, retrógrados y dañinos. Y ojalá de una vez por todas se elimine en la sexualidad cualquier forma retorcida de culpabilidad. Y ojalá la sociedad esté lo suficientemente informada como para saber que el cine pornográfico es tan ficticio como lo son aquellos musicales en los que la gente se sube a las mesas y canta.

No, el valor no es esperar. El valor es la madurez. Y a la madurez no se accede a través del miedo, de la coacción o del adoctrinamiento. La madurez está muy relacionada con la parte de tu pensamiento que es auténticamente libre, con errores, con contradicciones o con limitaciones, pero libre.

Y si tú te quisiste esperar hasta el matrimonio para descubrir tu sexualidad, me parece muy bien. Pero son las normas de tu club, de un club que es privado y al que accede aquel que quiere entrar. También te digo que aquellos que no hemos querido entrar somos extraordinariamente felices… o no. Porque también vosotros sois extraordinariamente felices… o no.

Y para acabar, una pregunta: ¿a ti el deseo sexual te domina? ¿Si ves una peli porno te aparece un “deseo sexual descontrolado que podría llevarte a la masturbación compulsiva o a una relación sexual de la cual te arrepentirás”? Si la respuesta es positiva, necesitas un especialista. Si la respuesta es negativa, no sé qué motivo te lleva a convertirte en Mister Abstinencia.

Àlex

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