Cada vez me SIENTO menos español

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No soy sociólogo, tampoco psicólogo, pero soy el mejor experto de mí mismo. Y creo que eso es mucho. Hoy voy a hablarte de sentimientos. Sí, ya lo sé. Las canciones los han banalizado, la literatura los ha mitificado, la psicología los ha etiquetado y la política… ¡Ay, la política! La política los ha pervertido, pisoteado, juzgado y sentenciado.

Cada vez me siento menos español. Repito: cada vez me SIENTO menos español. Hola, diccionario de la RAE: defíneme sentimiento. Sentimiento: estado afectivo del ánimo producido por causas que lo impresionan vivamente. Gracias.

Estado afectivo del ánimo. No hablamos del estado racional del ánimo. Hablamos del estado afectivo. Ya sé que la inteligencia racional y la emocional se retroalimentan pero, ¿podemos juzgar los sentimientos de alguien desde un punto de vista racional? ¿Los podemos sentenciar? ¿Los seres humanos contamos con la posibilidad moral y/o legal de poner los sentimientos de alguien ante un tribunal ideológico, jurídico o político? Rotundamente, no (siempre y cuando no existan responsabilidades penales, evidentemente, en el ejercicio de esos sentimientos). Quizá no estés de acuerdo. Quizá pienses que las sociedades no sólo deben controlar los pensamientos de la población, sino también sus sentimientos. Si es así, tienes un problema. Y muy grave. Podrías ser la policía del pensamiento de la orwelliana 1984 o un bombero que quema libros en Fahrenheit 451, la novela de Ray Bradbury. Pero, qué quieres que te diga, es mejor mantener esas distopías en el único territorio en el que deben habitar: el de la ficción.

Por eso, intolerante ciudadano de este país llamado España al que le hiere la frase “cada vez me siento menos español” o, directamente, “no me siento español” coge tus prejuicios, tus topicazos de tertuliano mercenario, tus coartadas morales de mercadillo y tu empatía de postal y cómprate una isla. No puedes vivir en sociedad, no debes vivir en sociedad. No, al menos, en esta sociedad que tanto presume de ser democrática. Sí, ya lo sé, ya sé qué pone en mi DNI. Pero los DNI’s a veces mienten. Por ejemplo, tú, insultador profesional que exige sentimientos de españolidad, ¿estás seguro que la persona que figura como padre en tu DNI, es realmente tu padre? Piénsalo.

No, los sentimientos no se imponen, no se ordenan, no se exigen.

Todos cargamos con nuestro equipaje de sentimientos a lo largo de la vida. A veces su peso nos ata al suelo. En otras ocasiones, nos hace volar. Pero siempre, siempre, son nuestros. Son nuestra patria emocional. A mí la palabra patriota me pone un poco nervioso porque se ha utilizado como coartada para engañar o como falso elemento de cohesión ante la barbarie. Eso sí, yo soy patriota de mis sentimientos. MIS sentimientos. No los tuyos. Los míos. Me pertenecen. Son míos. Me permiten comprender quién soy. Son mi habitación, mi vivienda, mi barrio, mi ciudad, mi nación. Y no estoy solo. Otros equipajes de sentimientos se cruzan en mi camino. Y la maleta donde guardo decepciones, fracasos, sorpresas, abrazos, miradas, momentos… es mía. Sólo mía. La puedo compartir. De hecho, todos los textos de mi blog son momentos en los que la maleta ha estado abierta. Por eso, no me juzgues. No me sentencies.

Si digo “cada vez me siento menos español” estoy explicitando unos sentimientos, que no son producto de un trastorno mental, ni ningún tipo de provocación. Constituyen la verbalización de unos afectos, en este caso ante el entorno social, jurídico, político y económico en el que me ha tocado vivir. No te voy a explicar cómo ha sido ese proceso porque se necesitarían varios blogs, pero sí que te ha de quedar claro que esa pérdida de afecto ha sido el producto de los actos racionales de muchos agentes, de muchos insultos, de mucho ninguneo, de mucha cosificación, de mucha demagogia, de mucha mentira. Sí, me SIENTO cada vez más catalán porque siempre me he sentido catalán, sólo que en los últimos años este sentimiento se ha potenciado, ha crecido en la maleta de la que te hablaba. Es la patria de sentimientos en la que me he SENTIDO mejor. Lamento que no lo entiendas. Lamento que no empatices con esos sentimientos pero, créeme, no te voy a pedir perdón por haberte ofendido. Y, si te has sentido ofendido, francamente: es TU problema.

Hace unos días escribí una entrada en mi blog sobre el insulto que dedicó determinado personaje de la prensa rosa (no sé si es el color correcto, ya que la veo tirando más hacia el marrón oscuro) a un entrenador de fútbol que afirmaba que se sentía catalán. Ese artículo tuvo 380.000 visitas en menos de 48 horas. Me llegaron un 99% de elogios que me dejaron totalmente desorientado (siempre me sucede con los elogios) y un 1% de insultos, amenazas y discursos paternalistas de personas que ni conozco, ni quiero conocer. Personas que quizá no entiendan este artículo. Personas que cargan con un equipaje de prejuicios que ni el más inteligente emocionalmente podría soportar. Es lo que hay. Todos somos dueños de nuestra arquitectura ideológica y emocional. Todos somos responsables de nuestra visión del mundo, que puede ser distorsionada, limitada, superficial y adoctrinada o, al revés, puede ser veraz, amplia, profunda y, sobre todo, libre. ¿Qué parte de nuestro pensamiento es libre y qué parte es producto de nuestros inputs sociales? No lo sé. Supongo que dependerá de cada uno. Al final, lo que debemos conseguir es que nuestro pensamiento sea cada vez más libre, menos contaminado, y que traicione lo menos posible a ese adulto ideal con el que algún día soñamos convertirnos.

En fin, aunque cada vez me sienta menos español, no voy a renunciar a nada de todo lo bueno que ha generado durante estos años ese maravilloso país (a pesar de todo) que es España. ¿A quién se le puede ocurrir, ni aunque sea durante un segundo, que voy a renunciar a su lengua, a su literatura, a su cine, a su música, a su gastronomía o a sus lugares? ¿Qué mente enferma puede llegar a pensar que uno puede dimitir del bagaje cultural que ha dado forma a una parte importante de su personalidad? No, no voy a renunciar a nada de eso. Pero sí que quiero renunciar a aquello que me impide progresar.

Hay una obra de teatro de Yasmina Reza que se llama Arte y que recomiendo especialmente. Yo vi la versión argentina en el Teatro Tívoli de Barcelona y el personaje de Ricardo Darín pronuncia una frase que me marcó profundamente: “Si yo soy yo porque yo soy yo, y tú eres tú porque tú eres tú, entonces yo soy yo y tú eres tú. Pero si yo soy yo porque tú eres tú, y tú eres tú porque yo soy yo, entonces ni yo soy yo, ni tú eres tú.”

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