Carta a Paquirrín

paquirrín

Estimado, o no, Kiko:

Sé que tienes más de un millón de seguidores en tu cuenta de Twitter. Seguidores dispuestos a leer perlas como: “Y a cagar al campo todo el que no este acuerdo! Viva españa!!!!!!” o “Digan lo que digan… Viva mi pais que es España!”. Lo que no sé es por qué razón no has logrado convencer a alguien muy cercano a ti de tu legítimo amor por España. Te recuerdo que el 16 de abril de 2013 esa persona fue condenada por blanqueo de capitales a dos años de prisión (no es una opinión, es una realidad). Ése y no otro es el amor que tú y los que son como tú demostráis por España. Representantes, todos, de UNA PARTE DE LA POBLACIÓN, atrasada democráticamente, chauvinista y endogámica, de la que muchos nos divorciamos hace tiempo. Ya no es desafección. Tampoco alejamiento emocional. Es la nada. Palabras como unidad, Constitución, legalidad o juntos, nos llegan con forma de eco lejano. Tenemos Millets y Pujols, contamos con carencias, estamos lejos de la perfección, pero muchos creemos que somos capaces de construir un estado nuevo. Ojalá pudiésemos mirar más hacia el sur. Pero unos nos insultan, otros nos ningunean y, aquellos de los que esperamos un mínimo apoyo, optan por el silencio. Legítimo, pero silencio, al fin y al cabo.

Te recuerdo, también, que a la inmensa mayoría de la población, que somos los que tenemos suerte de cobrar una nómina cada mes, nos descuentan una parte importante de nuestro sueldo para contribuir al bienestar de esa España que tanto amas y a la que otros defraudan. Quizá, esos alardes patrióticos debían ir dirigidos a todos los trabajadores y empresarios que hacen funcionar el país. Y también a todos los estudiantes que se rompen los cuernos ante un mar de apuntes y de libros para mejorar su formación. Sí, amigo innombrable, la gente en España estudia (aunque cada vez es más caro) y trabaja (los que pueden). Douglas Coupland dijo que cuando perteneces a la clase media tienes la sensación de que la Historia se olvidará de ti. Por eso, parece justo reclamarte que valores qué significa, desde un punto de vista moral, blanquear capitales. ¿Es demagogia? No, es la pura realidad.

Si no te gusta “menterte” en estas cosas, no te metas. Limítate a ejercer una profesión con la dignidad que significa ejercer cualquier profesión. Y, si quieres, porque tienes derecho, aprovéchate de ESA PARTE DE LA POBLACIÓN de España, adicta a la mediocridad y a convertir en semidioses a personajes que, o bien han levantado imperios a costa de pasarse por el forro la dignidad humana, o bien han hecho de la ignorancia, el grito, el insulto y la falta de talento más que evidente su principal ventaja competitiva. Repito, ESA PARTE DE LA POBLACIÓN de España. No toda. Ah, por cierto. Incluyo en esa parte de la población también a muchos catalanes. Aunque, si crees que España no incluye a Catalunya, me alegrarás el día.

No, no te metas en estas cosas. Porque no tienes ni la más remota idea de qué está sucediendo en Catalunya. Tu arquitectura ideológica (como la de otras muchas personas) no ha dado signos de estar habilitada para que experimentes lo que casi dos millones de personas SINTIERON durante la Diada (perdón, no fueron dos millones. De hecho, fueron un reflejo óptico). Pareces absolutamente incapaz de comprender por qué Pep Guardiola SIENTE que Catalunya es su patria (diccionario de la RAE definiendo patria: tierra natal o adoptiva ordenada como nación a la que se SIENTE ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y AFECTIVOS). Eso sí, no estás sólo. Los más de 1000 favoritos que posee tu tweet así lo atestiguan. En fin, tal como dijo Georg Christoph Lichtenberg: “a la gloria de los más famosos siempre se adscribe algo de la miopía de sus seguidores”.

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