Carta a Miguel Ángel Rodríguez. #Don’tTweetDrunk

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Estimado, o no, MAR:

En esta extraña época, que algunos han llamado postmodernidad, hay televisión basura, literatura basura, relaciones basura, política basura y periodismo basura. Y encontrar muestras de esa particular manera de ver el mundo no resulta una tarea complicada. Es la opción fácil, simple, directa, sin un coste neuronal apreciable. Se trata, en el fondo, de optar por aquello que democratice la mediocridad para que su consumo sea lo más sencillo posible. ¿Quieres olvidar que tu vida es una mierda? No te preocupes. Siéntate delante de la tele y comprueba que la peña está peor que tú. ¿No te gusta leer pero la lectura te relaja antes de ir a dormir? Nada, tranquilo. Siempre encontrarás algún autor que te meterá por los ojos un best seller lleno de conspiraciones o de sexo softcore que te garantizará el mejor de los sueños. ¿Eres un Peter Pan con complejo de Edipo o una Wendy con el “calla y aguanta” inoculado en vena? No te preocupes. Te enrollarás, cortarás, te volverás a enrollar, cortarás, no te comprometerás ni con tu sombra, gritarás, soltarás cuatro topicazos que habrás aprendido en una porquería de telefilm de sábado por la tarde y, quizá, expliques tu historia de inmadurez emocional en un programa de máxima audiencia. ¿No entiendes la política? ¡No pasa nada! Hay cientos de políticos profesionales que te triturarán la complejidad de la realidad para proporcionarte tu papillita semanal de demagogia y titulares tan simples, como simplistas. Se trata de eso, ¿no? Evitar que pienses demasiado. Y después estáis los periodistas basura. Como tú. Periodistas que tienen el cinismo de escribir en su cuenta de Twitter: “Mi pena: antes, te acercabas a los Medios de Comunicación para saber la verdad; hoy, navegas en la telemática esquivando mentiras”. Muy bien, filósofo. Estos son mis principios y, si no te gustan, tengo otros. Al final serás marxista y todo. De Groucho, pero marxista, al fin y al cabo. Te conviertes en el autoelegido adalid de la verdad y tienes la indignidad de inventarte un titular falso que, además, incita a la violencia.

En fin, es lo que tiene la “telemática” en manos de un pepero. Dale una cuenta de Twitter y sólo tienes que esperar a que aflore la mentira, el ridículo o ambas formas de vida a la vez.

Acabo con un pequeño apunte: cámbiate la foto del Twitter. Pareces un huevo con barba. De nada, por el consejo. Y otro consejo: don’t tweet drunk.

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