Vivir en Mordor

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Tú siempre serás de Mordor. Mira tu DNI. ¿Qué pone? ¿Que te caduca este año? No, no, me refiero a la nacionalidad. Mordoriense. Ahí está. ¿Lo ves? Eres mordoriense y siempre lo serás. Ni se te ocurra marcharte. Vagarías por el espacio por los siglos de los siglos. Y es que siempre hemos estado juntos, como Zipi y Zape, como Timón y Pumba, como Charles y Manson… Bueno, este último no es el mejor de los ejemplos.

Lo cierto es que Mordor siempre ha existido. De hecho, antes del Big Bang ya había una partícula de protomateria surgida de Mordor. El resto vino después. Conquistamos el mundo. Fuimos un imperio en el que no se ponía el sol. Más tarde perdimos todas las colonias y empezamos a oler peor que Lord Marhuenda haciendo genuflexiones. Pero de esa parte de la Historia prefiero no hablar. Yo quiero hablar de lo bien que estamos juntos en este reino. Juntos… todos… unidos de las manitas como en el vídeo de “Amo a Laura”. Todos… juntos… cantando los goles de la selección… ya sabes lo que dice la letra de su himno: todos unidos hacemos fuerza, da igual de dónde venimos, si del sur o del norte, ahora estamos de acuerdo…

Si que es que lo llevamos en la sangre. Vosotros y el resto de mordorienses nos hemos mezclado. Tenemos la misma sangre. Los leucocitos escuchan a Bertín Osborne, las plaquetas bailan con Isabel Pantoja, el plasma se evapora con Cantizano. Haz una prueba: vete al banco de sangre. Acércate a las bolsas y oirás cómo todas cantan el famoso “Viva Mordor”. “Entre flores, fandanguillos y alegrías, nació en Mordor la tierra del amor. Solo Dios pudiera hacer tanta belleza, y es imposible que puedan haber dos”. Sí, efectivamente, Lord Manolo Escobar anticipó nuestro destino que es la patria común e indisoluble de todos los mordorienses. Así es. Mordor es más indisoluble que una cucharada de Cola Cao en un chupito de cemento. Que te quede claro.

¿Que no quieres ser mordoriense? ¿Que qué te ofrece Mordor? Una magnífica Constitución firmada con el beneplácito dubitativo del Ejército, la Iglesia, las élites de Mordor y los nostálgicos de Francisco Sauron, caudillo de Mordor por la gracia de Dios (que ya ves qué cachondo).

En resumen, si Mordor no te gusta, te jodes. Que en élfico significa: te jodes y bailas. ¿En qué nanosegundo has llegado a la conclusión de que el Ejército, o lo que es lo mismo, la Iglesia, o lo que es lo mismo, el poder judicial, o lo que es lo mismo, el poder ejecutivo, o lo que es lo mismo, el poder legislativo iban a permitir que os borrarais del club de los enemigos del déficit fiscal? Ingenuos, que sois unos ingenuos.

Vosotros, lo que tenéis que hacer es cotizar muchos años y jubilaros un día antes de moriros para que no os dé tiempo de pensar que Mordor es la tierra oscura. 

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