Carta a MariaNO Rajoy

no em despertis

Estimado, o no, MariaNO Rajoy:

Soy un súbdito del Reino de España. Concretamente pertenezco a la colonia del nordeste. Vivo en lo que conocíais antes como Catalunya, un lugar que para vosotros dejó de existir en el 36 (excepto en aquellos períodos en los que necesitasteis pactar con las fuerzas catalanas para formar gobierno, pillines).

Te escribo en castellano aunque, por la velocidad con la que tanto tú como los miembros del TC os habéis leído una ley en catalán, quizá podría haberlo hecho en la lengua de Pompeu Fabra. No sé si te estarás preguntando qué hace un invisible y mudo nativo de la colonia del nordeste escribiendo a ese magnífico estadista en el que te has convertido. Hay una idea principal que guía este humilde escrito y tiene que ver con cierta inflamación metafórica de lo que vendrían a ser mis coloniales testículos. Dicho de otra manera, a una persona a la que siempre el autoritarismo le ha parecido la forma más vergonzosa de cobardía y de mediocridad intelectual, los años que estamos viviendo en la colonia del nordeste, le revientan los esquemas. Y ya que te has convertido en el mayor negacionista desde que a Clinton le sorbieron su carrera política y tuvo que dormir en el sofá, déjame que te obsequie con tu palabra preferida: NO

  1. No es Mas. Es la gente. Esto tiene muy poco que ver con Artur Mas. Te recuerdo que perdió 12 diputados.  Te recuerdo que llevamos ya tres manifestaciones masivas, pacíficas e integradoras donde se juntan nativos coloniales de casi todas las tendencias políticas. Y, si todavía no te has enterado, quizá estés a tiempo de presentarte a los Premios Forrest Gump de Oro de este año.

  2. No es democracia lo que defiendes. “Democracia es una forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la sociedad. En sentido estricto, la democracia es una forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes. En sentido amplio, democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales”. Gracias, Wikipedia! Ahora, MariaNO, como castigo me vas a coger un folio, un boli y me vas a copiar 1714 veces las palabras siguientes: titularidad del poder, sociedad, decisiones colectivas, pueblo, participación directa o indirecta, libres e iguales y mecanismos contractuales. ¡Eh, no te quejes! A estas horas ya te habrás leído el Marca y tienes tiempo libre.

  3. No decide el resto de España. Imagínate que en las calles de Murcia se manifiesta el 20% de su población pidiendo votar, y que el 80% de su parlamento y el 91% de sus municipios reclaman una consulta sobre la independencia. Imagínate que votan todos los españoles. Imagínate que en el resto de España gana el sí y que en Murcia gana el no (sería raro pero más raro es Montoro y mira dónde ha llegado). ¿Qué? ¿Qué hacéis con los murcianos? ¿Patadita y al mar? Pues eso. No decide el resto de España.

  4. No, MariaNO, nadie es de nadie. Por muy registrador de la propiedad que seas, ningún ser humano es propiedad de nadie. No pertenezco a ningún señor de Valladolid, no le debo vasallaje, me sienta mal vivir en el feudalismo (especialmente los lunes por la mañana y antes del café). No, Mariano, el destino de Catalunya lo decidimos los catalanes. Y a estas alturas de la peli, francamente, lo que opinen algunos tiene el mismo interés para mí que el sueldo de tu logopeda.

  5. No, MariaNO, no adoptes el postureo de un padre autoritario. Tarde o temprano, los gritos, los reproches, los ordeno y mando, se ahogan en el silencio. El joven se larga de casa en cuanto tiene oportunidad. Y lo hace con rencor, maldiciendo unos años perdidos por culpa del “por mis cojones”.

  6. No, MariaNO, los problemas no se prohiben. Los problemas se abordan, se negocian, se les da solución. Los problemas no se niegan, no se ningunean, no se reprimen a golpe de Constitución, ni de Tribunal. Los problemas se tratan con humildad. En realidad, el problema es la spanish chulería. El problema es coger un libro de Historia, soñar con la época en la que España fue un imperio y creer que ser español es algo parecido a un privilegio genético. Ya no, MariaNO. España no es un imperio. España no tiene colonias. No ayuda en nada a la convivencia con la diversidad ese síndrome de Norma Desmond marcado en las relaciones que establecéis. Abrid los ojos. Ésta es la realidad. Personas que quieren ser. Personas que ya no creen en las instituciones españolas. Personas que silenciáis con un disco rayado de música hortera. No, MariaNO, hasta aquí hemos llegado.

  7. No, no somos nacionalistas (al menos yo y creo que muchos como yo). Somos independentistas. Para mí las banderas son telas que se usan como signo identitario y/o de lucha. Pero nada más. Defendemos el poder, nuestro poder, el del pueblo soberano (ahórrate un discursito a lo Pablo Iglesias. Ya sabemos que es un poder limitado ante la casta, las multinacionales y los bancos pero, qué cojones, es nuestro poder, el poco que nos queda y habrá que defenderlo). Queremos un estado que no nos ahogue, que no reprima las iniciativas, que no progrese “a pesar de” sino “gracias a”. Y, sobre todo, queremos un estado en el que no tener que asistir a vuestras forzadas muestras de cariño hacia Catalunya. Por favor, dejadlas para algún vídeo de “Barbie facha” en el que todo es de color de rosa. Esas muestras insultan profundamente nuestra inteligencia (“me gustan los catalanes porque hacen cosas”, lo dijiste tú, rapsoda del amor eterno).

Pues nada, MariaNO, te dejo a solas con el eco de Montesquieu. Fue un cachondo que dijo que los tres poderes del estado debían ser independientes. ¿He dicho independientes? Perdona, ya sé que esta palabra es tu Leviatán.

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