Carta a Rodrigo Rato #TarjetasB

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Estimado, o no, Rodrigo Rato:

Qué bonitos son estos tiempos en los que nuestra vida está almacenada en datos que circulan por la nube. Y no me refiero a los nubarrones que se pasean por encima de vuestras peperas cabezas. Hablo de esos centros de datos repartidos por todo el mundo que guardan millones y millones de bits y que, a la vez, nos retratan digitalmente. En el móvil de cualquier persona podemos encontrar su biografía más o menos reciente. Quizá esté una foto de aquella primera ecografía que le hizo a su hijo, otra del parto, algunas de la habitación del hospital con una madre sonriente y su bebé en brazos, muchas más de las primeras papillas, de los primeros pasos, de la vida del día a día. También en otros móviles hay mensajes de presidentes del gobierno y su tesorero.”Luis, nada es fácil. Pero hacemos lo que podemos. Ánimo”. ¡Cuánto amor, qué grande es la amistad! “Luis, yo estaré ahí siempre… Luis, sé fuerte”. Sólo espero que cuando dijo “estaré ahí siempre” no se refiriese a la presidencia del gobierno.

Y también están las tarjetas de crédito. ¡Ay! Nuestra vida es una VISA clavada en el alma (a veces negra para hacer juego con ella). Allí están nuestras pasiones, nuestras aficiones… y nuestros vicios. Miramos los extractos y sabemos exactamente las decisiones de compra que guiaron nuestras necesidades y/o caprichos. ¡Ay, Rodrigo! ¡Qué bonitos son los bits! Ceros y unos. Información binaria que nos recuerda quiénes somos. Más allá de nuestros cargos, de los trajes caros y las corbatas que paseamos por los océanos de los peces gordos. Diputado de las Cortes Generales… de España, Ministro de Economía y Hacienda… de España, Vicepresidente segundo del Gobierno… de España, Vicepresidente primero del Gobierno… ¿a qué no recuerdas de dónde? Sí, efectivamente, de España, tierra de cerdos ibéricos, de chorizos y demás embutidos. Eh, no te vayas todavía, aún hay más. Director gerente del FMI, Presidente de BFA, Presidente de Bankia y Presidente de Caja Madrid. Perfecto, pero ahora viene la pregunta: ¿qué cojones te pasó la semana del 23 de febrero del 2011? ¿Cinco puñeteros días de juerga para celebrar el tejerazo? ¿400 euros cada día? ¡Vaya remake de Resacón en Las Vegas! En serio, creo que deberías donar tu hígado a la ciencia. Eso sí, me preocupa que no aparezca la referencia de a qué discoteca fuiste. En todo caso, creo que la investigación debería hacerla tu pareja. Bueno… una de ellas.

El problema de todo eso es que esos euros (y los otros miles que, por lo que asegura la prensa, te agenciaste) no eran tuyos. Ahora ya no te voy a pedir el sorbito de Moët & Chandon que me corresponde, pero sí que espero ver tu corbata de pez gordo brillar ante un juez. En fin, tal como dijo el best seller: ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo, si pierde su alma?

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