Gracias, Rajoy

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Gracias, Mariano Rajoy Brey. Te lo digo con el corazón en una mano y una estelada en la otra. Gracias por proporcionarnos tantos argumentos a favor de la independencia. Con ellos nos resultará muy fácil convencer a los indecisos, si es que no han dejado ya de serlo. Gracias por hacer de la mediocridad un posicionamiento ideológico, de la insensatez una consejera y por estar tan poco preparado para liderar, ni siquiera, la casa de bolas de un parque infantil. Imagínate qué difícil sería argumentar que la independencia es la mejor salida si nos enfrentáramos a un líder carismático, dialogante, demócrata y buen negociador. Imagínate qué complicado sería el escenario político a favor de la independencia si una caprichosa configuración astral te hubiese regalado el don del liderazgo positivo, la oratoria implacable y la capacidad de seducción necesarias para convencernos de que vivir bajo las instituciones españolas es nuestro mejor destino posible.

Por eso te digo, gracias. Gracias por haber contratado al guionista de “Mujeres y Hombres y Viceversa” como asesor político. Si no es así, me resulta imposible comprender que te comportes como un poligonero de tonos chulescos que hace todos los ridículos inimaginables para que no le abandone su novia. Ya sólo queda la fase de mocos y llantos y la promesa de que vas a cambiar.

Gracias por hacer del verbo impugnar tu principal sello de identidad. Gracias por impugnar una consulta con todas las garantías democráticas, transformarla en una macroencuesta con aromas de “costellada” y volverla a impugnar. No me extrañaría que Kim Jong-Un se cambiara por fin el peinado y se dejara barba para parecerse a ti. Shí… shí… shí…

Gracias, Rajoy. Gracias por no enterarte de nada (o, al menos, por disimular tan bien). Gracias por tener cinco sentidos tan atrofiados ante lo que sucedía a tu alrededor. O eso, o es que tu inocencia tiene menos valor que una cerveza sin alcohol para Miguel Ángel Rodríguez. ¿De verdad no sabías nada ni de la trama Gürtel, ni de los sobresueldos, ni de Bárcenas, ni de Fabra, ni de Matas, ni de Rato, ni de Acebes, ni de la trama en cuatro comunidades gobernadas en el PP con la que nos desayunamos ayer? ¡Venga, por favor! ¡En un país normal deberías estar limpiando el polvo de un iglú! ¡O por cómplice o por inútil!

Por eso te digo gracias. Gracias por mantener a Alícia Sánchez-Camarga en su cargo. Cada intervención suya hace malos los monólogos de “El club de la comedia”.

Gracias por avivar las brasas del franquismo y demostrar que no se habían ido. Gracias por dejar que la juventud descubra cómo son, cómo actúan y qué está amenazado cuando se sienten respaldados por el poder.

Gracias por proporcionar alas de barro a grupúsculos como Societat Civil Catalana y facilitar que nos hagan reír un poco con lo faltos de humor que estamos en esta época convulsa.

Gracias por mantener en tu gobierno a Wert con sus tics de “Spanish Dr. Stranglove”, aquel inolvidable personaje de Kubrick que levantaba el brazo de manera compulsiva en un saludo que todos identificamos perfectamente.

Gracias por colaborar a que Cospedal deje a la historia de la humanidad una hemeroteca tan cargada de momentos delirantes, aunque sea en pago diferido.

Gracias por la sonrisa malévola de Montoro, la voz irritante de Soraya SS, el “ridiculous way of life” de Ana Botella… Gracias por dejar que Gallardón dejara de ser el ala progresista del PP para pasar a ser el diletante misógino del reino.

Gracias por tu gestión de la crisis del Ébola. Una gestión que estoy seguro también te agradecerán los hipocondriacos. Imagino que Woody Allen te acabará dedicando una película.

En fin, Mariano Rajoy Brey, gracias por hacer de España un país del que cada vez más gente quiere salir. Y gracias, sobre todo, por darme argumentos para proponer que el barcelonés “carrer Pelai” se llame a partir de ahora “carrer Mariano Rajoy” y que éste acabe desembocando en la “Plaça de la Independència”.

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