Carta al pequeño Nicolás

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Estimado, o no, Francisco Nicolás:

En primer lugar, déjame que te llame Paco Nico. Suena más a dibujo animado y, después de la historia que explicaste anoche en televisión, prefiero sumergirme en el cálido universo del cartoon: arbustos que pasan una y otra vez, golpes de los que siempre se recuperan los personajes, colores chillones, voces estridentes y la moralina de la amistad forever. Sentirme rodeado del histrionismo de este universo me relaja bastante más que imaginarme que la mitad de lo que has contado es verdad.

Te he de decir, también, que no había pasado una velada televisiva tan interesante desde que Remedios Amaya salió descalza en Eurovisión para anunciar al mundo lo cutre que es España.

Todavía no sé si eres un héroe o un villano, un demente con delirios de grandeza o un pijito del PP que, aburrido de la PlayStation y de los cubatas en discotecas caras, ha decidido buscar la fama a cualquier precio. El tiempo lo dirá. Lo cierto es que estás dejando el listón de nuestra capacidad para la sorpresa muy alto. Hemos visto cómo el campechano se iba a cazar elefantes, a la infanta Cristina imputada, a Urdangarín que cada día que pasa tiene más cara de presidiario… Hemos visto la trama Gürtel, Bárcenas y sus sobres, el capital secreto de Pujol, Monago en plan “Resacón en las Vegas”, a Ana Botella haciendo un ridículo mundial, a la Pantoja en la cárcel y ahora llegas tú, un cruce entre Forrest Gump y agente de la T.I.A.

Mira, ¿sabes qué te digo? Quiero creerme tu historia. Lo voy a hacer. Ya estoy harto de ser un descreído, de poner en cuarentena todo lo que me llega a través de los medios de comunicación. Para mí, y en lenguaje coloquial, te has convertido en el “puto amo”. ¡Sí, señor! Alguien que le vacila a los fachas, a la Casa Real, al CNI, al PP y a la Moncloa (perdón por la redundancia) merece todos mis respetos. ¡Sí, señor! Ni Artur Mas, ni Oriol Junqueras, ni Pablo Iglesias y, mucho menos, Pedro Sánchez. Eres el puto amo vacilándole a los fachas. Eso sí, te lo digo con cariño, revisa los frenos del coche, cuidado con los cubatas que te regalen y no camines por callejones oscuros. La ciudad se ha vuelto un lugar peligroso para los llaneros solitarios. No son buenos tiempos para quien desafía al sistema. Piensa que, en cualquier momento, puede venir un fiscal asesorado por Alícia Sánchez-Camacho que te meta una querella.

Una última pregunta: ¿has comido alguna vez en un restaurante que se llama La Camarga? Es más, ¿te disfrazaste de florero como hubiese hecho Mortadelo?

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