Mensaje navideño a los niños españoles

NAVIDAD BOB ESPONJA

Estimados niños españoles:

Soy un niño catalán. Bueno… en el concepto “niño catalán” una de las dos palabras es mentira. Me pasa un poco como a Rajoy: de cada dos palabras, una no es cierta. Sin embargo, creo que el hecho de que os mienta un poquito carece de importancia. Al fin y al cabo, os quedáis atontados cada vez que veis a una esponja que vive en una piña debajo del mar y eso no os parece importar.

Quizá os estéis cuestionando el porqué de este mensaje. No os preocupéis. Soy catalán pero no os voy a adoctrinar (ups, ahora ya sabéis que no soy un niño. ¿Si os digo que mi amigo se llama Patricio y es una estrella de mar, os lo creeréis? ¿Tampoco?). En fin, lo que os decía. No llaméis a vuestros padres al grito de: ¡¡¡Socorro!!! ¡¡¡Un catalán me ha escrito un mensaje navideño porque me quiere adoctrinar!!! En este país nadie adoctrina. Estoy seguro de que no os han bautizado, que no habéis hecho la comunión, que no os dan fiesta el 12 de octubre, que vais al cole el 6 de diciembre, que no os ponen toros en la tele durante el horario infantil, que no os llevan a mitings, ni a manifestaciones y, en definitiva, que no intentan transmitiros ninguna ideología “con la leche templada y en cada canción”. En este gran país que es España, nadie adoctrina.

Solamente os escribo por dos razones. La primera es daros un pequeño consejo. Como sabéis, llega la Navidad. Y en la Navidad hay comidas familiares. Y en las comidas familiares hay vino, cava no catalán, licores… Y hay sobremesas. Y en las sobremesas hay conversaciones. Y en esas conversaciones saldrá el tema catalán. Seguid mi consejo: no hagáis caso a los mayores. Corred a vuestro cuarto rápidamente para controlar la autoestima de vuestro Furby. O, mejor aún, encended el televisor y empezad a preguntaros por qué Goofy habla y Pluto no, si los dos son perros. Creedme, aprovecharéis mejor la tarde. Y es que los mayores no sabemos ponernos de acuerdo. Discutimos para que nos den la razón, nos importan tres narices lo que opinen los demás, les interrumpimos antes de que acaben la frase porque ya nos imaginamos lo que van a decir, gritamos (sobre todo, gritamos), nos disfrazamos con todos los prejuicios habidos y por haber y, lo peor de todo, sacamos al sociólogo, al psicólogo, al politólogo, al economista y al experto en relaciones internacionales que todos llevamos dentro. Porque, ya sabéis niños, los mayores sabemos mucho de todo. Predecimos el futuro con más efectividad que Sandro Rey; no tenemos ni puñetera idea de quién preside la Comisión Europea, ni para qué sirve, pero nos sabemos los cruces de octavos de la Champions; somos arrogantes, prepotentes, ignorantes, sumisos, pelotas, chivatos y todo aquello que nos convertiría en el tonto del patio pero, ya veis, aquí estamos. Soñando con el día que dejemos de pagar la hipoteca, inyectándonos colesterol por las orejas, botox en los labios y esperanza en vena con la jeringuilla de la Primitiva (me refiero a la Lotería, no a ninguna ministra). En resumen, niños españoles. Disfrutad de la infancia y de la LOMCE (después vendrá la DOMCE, la TREMCE, y un día ya no sabréis ni si vale la pena estudiar).

Antes os he dicho que os escribía por dos razones. La segunda razón es desearos una FELIZ NAVIDAD. Espero que los Reyes (los auténticos) os traigan muchos regalos. Yo como catalán no espero mucho de los Reyes. Hace 300 años pactamos con unos que nos dejaron tirados y nos bombardearon los antepasados de otros, que son muy campechanos, pero que tienen un yerno que lo mejor que podría hacer es vivir en una piña debajo del mar.

BON NADAL!!! (ups, perdón, está en catalán pero no os quiero adoctrinar).

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