Carta a Miguel García

miguel

Estimado, o no, Miguel García:

Aunque suelo dedicar a los haters el mismo tiempo que dedico a investigar la vida sexual de los erizos (que bien jodida debe ser) hoy estaré encantado de hacer una excepción (me refiero a lo de los haters porque soy muy clásico en lo que a actividades sexuales peligrosas se refiere). Pero, vayamos por partes, como dijo el padre de Ortega y Gasset cuando inscribió los apellidos de su hijo en el registro civil.

Me acusas de ser un demagogo. Es cierto, también tengo otros placeres culpables como coleccionar fascículos de aviones de guerra, bailar la música del telediario y jugar al solitario en pareja (¿esto último se puede malinterpretar?). Lo que me sorprende es que un demagogo acuse a otro de ser demagogo. Quizá es por eso de “se cree el ladrón que son todos de su condición”. ¿Por qué lo digo? Especialmente por ese discurso al que los catalanes estamos tan acostumbrados. Permíteme que te cite: “a un servidor le unen estrechos vínculos con Cataluña y respeto profundamente la lengua catalana, es mas, cuando alguien parla catalá en mi presencia me esfuerzo por entenderle y a veces, solo a veces, hasta me arranco con alguna frasecita”. Perdona, te dejo un momento. Voy a descojonarme y ahora vuelvo…………………………….. Vale, ya está. Como dices tú: “mire usté”, me has recordado uno de los grandes momentos que ha dejado Aznar para los anales (nunca mejor dicho) de la historia del disparate: “a veces hablo catalán en la intimidad e, incluso, lo entiendo”. No te puedes ni llegar a imaginar cómo estamos muchos catalanes hasta los mismísimos cojones de ese amor platónico que se nos profesa desde las españas, sobre todo, cuando se adereza con el paternalismo más putrefacto. Estamos hartos de oír: amo a Catalunya porque paso los veranos en la Costa Brava, tengo familia catalana, leo a Espriu, como pan con tomate o rezo a la Moreneta. Si eso no es demagogia que venga Belén Esteban y pronuncie correctamente Schopenhauer. Así que, por favor, te pido con cariño, afecto, buen rollo y ganas de alcanzar las más altas cotas de convivencia, que no te esfuerces. No hace falta. Gracias. Nos sentimos muuuuuuuyyyy queridos. Tú escribe en el buscador de Twitter las palabras “putos catalanes” y ya verás la de admiradores de Espriu que existen por la geografía nacional. Pues eso, que cariñitos, los justos. Gracias. De nada.

Siguiente cuestión: en tu cosmogonía de monolingüe puede parecer complicado que dos personas se comuniquen utilizando lenguas diferentes (¿ha molado lo de “cosmogonía”? No sólo soy demagogo, también pedante. ¿Te he dicho que bailo la música del Telediario?). Si tus estrechos vínculos con Catalunya fuesen realmente estrechos, tu sensibilidad lingüística no sería estrecha y te darías cuenta perfectamente de lo que es un espacio bilingüe. Así podrías disfrutar de infinidad de cenas en las que unos hablan en catalán, otros responden en castellano y siempre hay un amigo borracho que farfulla frases inconexas en kikoriverano (el alcohol es lo que tiene). Sí, esa es la realidad y no la que muestra la caverna mediática. Lo siento. Quizá te he decepcionado. Pero, es lo que hay.

Más cuestiones: lo del cluster me ha dejado flipado. Te ha faltado emplear palabras como buzz marketing, bartering o benchmarking. Yo soy más de parking, sobre todo cuando llego tarde y no encuentro uno.

Continuemos: siento que no hayas entendido la broma sobre el chino. La verdad es que no hace ni puñetera gracia pero ofrecerle unas bolas chinas a esa catalanófoba me provocaba cierto morbo. Es lógico que no siga a quien no entiende por cuestiones idiomáticas (yo, por ejemplo, no sigo a ningún ciudadano ruso, israelí o armenio). Pero hacer alarde de borrar de su lista de intereses a los catalanes por escribir en su lengua materna es un acto de chulería (¿qué tal si ni siquiera les hubiese seguido desde un principio y ya está?). Lo que sucede es que hay una actitud colonial frente a las minorías lingüísticas en España que encuentro especialmente irritante. Y no sólo es la actitud colonial, es el chauvinismo, la prepotencia, la chulería, el creer que con el castellano puedes viajar por el mundo y todos te van a entender. Pues eso, menos mal que el chino es la lengua más hablada porque, si lo fuese el castellano, ja no tindríem l’oportunitat de fer servir el català enlloc. No me quiero extender en los millones de argumentos que tenemos los catalanes para reivindicar nuestra cultura, pero la teoría de que el catalán no sirve para nada porque para eso ya está el castellano, resulta, simplemente, patética.

Y, para acabar, no, ya no es tiempo de explicarnos mejor. Game over. Se ha hecho toda la pedagogía del mundo y no ha servido de nada. Nos vamos. O, mejor dicho, se van vuestras estructuras de estado. Queremos un estado que nos defienda y que actúe a favor de nuestros intereses. Es tan simple como eso.

Ah, un último consejo: alimenta tu propio blog. Te prometo que yo no dejaré ningún comentario. Nunca entro en la casa de nadie para decirle que no me gustan sus cortinas o que por qué razón no ha lavado aún los platos. Supongo que me entiendes, ¿no?

Dues abraçades: la primera, sincera, i la segona, per si la perds.

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