Soy un catalán adoctrinado

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Gran Jurado de la unidad de la patria: comparezco hoy ante ustedes para relatar los avatares de mi triste historia. Soy un catalán adoctrinado. Todo empezó el mismo día de mi nacimiento. Cuando todavía no había probado el pecho de mi madre, ya era socio del Barça. Así, como les digo. Y encima fue en la época en la que Rochemback deambulaba por el campo. Por lo que me han contado, mi tío llegó con el carnet aún calentito, recién salido de la oficina del Barça, y me lo plantó en la cuna. De hecho, también fue él quien me regaló el body con los colores del club. No me miren así. No fue culpa mía. Mi principal preocupación por aquel entonces era encontrar el puñetero chupete cuando se escondía entre las sábanas (también del Barça, por cierto). Años después mi leit motiv pasó a ser averiguar a qué hora jugaba el Madrid y escaparme a la casa del vecino para poder verlo. Así es cómo actúan estos catalanes.

Después llegó el carnet del Club Super 3. Y las canciones, sobre todo las canciones. Todas hablan de independencia. Estudien atentamente sus letras. Uh! Oh! No tinc por! Obviamente es una alegoría de la declaración unilateral de independencia. Anem a veure món. ¿Queda claro, no? La festa més gran. ¡Fue el himno de la V! ¿Y qué me dicen de sus personajes? Biri-biri. Un extraterrestre que quiere irse. ¡Irse! ¿Lo entienden? Si es que los catalanes son muy suyos.

Pero lo peor fue lo del tronco. Aún tengo el trauma metido en el subconsciente. Esas Navidades se me han clavado en el alma. Me dieron un palo y me obligaron a pegar a un tronco. En él escribieron la palabra España. Pero no se vayan a pensar ustedes que cagaba caramelos. ¡No! ¡Cagaba sentencias del Constitucional, recortes de periódico con frases de Monago, páginas sueltas del libro de Boadella! Y yo allí, rojo por el esfuerzo, traumatizado por la violencia del momento, deseando que Federico Jiménez Losantos me rescatase con su grácil verbo y simpática presencia.

Así fui creciendo, adoctrinado, sin más posibilidad de escape que leer el ABC a escondidas, coleccionando fotos en secreto de Marhuenda, Inda e Isabel San Sebastián, soñando con encontrarme cara a cara con el pequeño Nicolás para hacerme un selfie.

Y vino TV3. Se instaló en mi cerebro desde que tengo uso de razón, como uno de esos virus informáticos que nunca acaban de desaparecer del ordenador. Imaginen qué poder tiene TV3 que sólo con el 12% de audiencia es capaz de hacer que casi dos millones de personas salgan a la calle para pedir un referéndum de autodeterminación. Gran Jurado de la unidad de la patria: estoy aquí para que hagan algo al respecto. No puede ser. Hay debates en los que la gente no grita y en el 33 se televisan programas culturales. Sí, sí, repito: ¡culturales! Es inadmisible. Yo creo que TV3 emite ondas cerebrales para adoctrinar a la gente.

Prefiero no hablar de la gastronomía pero aquí les dejo un par de detalles: a la paella le llaman arrosset y a la sartén le llaman paella. ¡Estos catalanes están locos! Yo me tengo que esconder para probar algo de comida española porque estoy todo el día con las mongetes amb botifarra, el pa amb tomaquet y la crema catalana. Me han prohibido probar los callos a la madrileña o el pulpo a la gallega. Y todo porque es comida española.

¿Y en el colegio? Me han prohibido hablar en castellano. Hay monitoras repartidas estratégicamente que te hacen cantar el sol, solet, si te escuchan una sola palabra en castellano. Así de perseguidos estamos. A mí, que lo que me gustan son las rancheras de Bertín Osborne, y me obligan a cantar la puñetera cancioncita de Els Catarres. Vull estar amb tu. ¡Y una mierda!

Ahora me han metido en una colla de castellers que, por si no lo saben, consisten en obligar a un niño a subir en lo más alto de una torre humana para que después, la masa humana que hace de cimientos, empuje con todas sus fuerzas para que el niño se caiga. ¡Es una salvajada! Pero eso no es lo peor. Mi padre quiere que me apunte a unas clases en las que se aprende a bailar mientras se golpean unos bastones. Eso no puede ser bueno para la fragilidad física y emocional de un niño.

Por eso, Gran Jurado de la unidad de la patria: les pido que me rescaten de este adoctrinamiento. Lo que se dice en las tertulias de 13TV se queda corto. Necesito su ayuda. SOS. SOS. SOS

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MANUAL D’INSTRUCCIONS PER ENTENDRE AQUESTA CARTA (FONT. DICCIONARI DE L’INSTITUT D’ESTUDIS CATALANS):
Ironia 
f. [LC] [FLL] [FL] Figura retòrica que consisteix a dir alguna cosa amb una expressió o un to que indueix a entendre el contrari d’allò que aparentment és dit. 
f. [LC] [FLL] Forma d’humor que es tradueix en l’adopció d’aquesta manera de parlar. 
f. [LC] Esdeveniment contrari al que hom tenia dret a esperar. Ironies de la sort: quan ja no necessitaven els diners, els va tocar la rifa.