Disculpa, lo había olvidado

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Disculpa, lo había olvidado. No recordaba que los independentistas somos todos unos analfabetos. Se me había pasado decírtelo. No recordaba que en el movimiento independentista no había abogados, ni ingenieros, ni científicos, ni periodistas, ni escritores, ni pintores, ni cineastas, ni catedráticos, ni economistas. Tengo mala memoria. Había olvidado que somos una masa aborregada sin capacidad crítica, ni la más mínima posibilidad de lograr una sola sinapsis que tenga algún valor. Se había desvanecido de mi memoria el hecho de que TV3 tuviera ese poder de adoctrinamiento para que, de repente, todos los abogados, ingenieros, científicos, periodistas, escritores, pintores, cineastas, catedráticos y economistas hayan decidido abrazar la luz del hispanocentrismo para dejarnos a los ignorantes independentistas en la oscuridad de la sinrazón. Lo siento. Te prometo que ya no me volverá a suceder y que recordaré, por ejemplo, el día en el que en el parlamento español se instaló traducción simultánea para que el catalán, el gallego o el euskera tuvieran su espacio. ¡Cómo he podido olvidar ese día! Es imperdonable.

Disculpa, lo había olvidado. No recordaba lo mal avenidos que estamos los independentistas y que somos incapaces de organizar ni siquiera un cumpleaños. Eso sí, recuerdo las calles vacías de Barcelona en la última diada. Ni una sola estelada, ni un sólo grito pidiendo un referéndum de autodeterminación. Sólo silencio, vacío. Recuerdo también el 9 de noviembre, día en el que el gobierno español dio todo tipo de facilidades para que los catalanes pudiésemos dar nuestra opinión, aunque fuese sobre un tema que no interesa a nadie. Y claro, después las urnas se quedaron vacías. No hubo ni una sola cola para votar. Si es que los independentistas somos tan pocos que TV3 tuvo que recurrir a los efectos especiales para demostrar que la jornada había sido un éxito.

Disculpa, lo había olvidado. No recordaba las muestras de cariño que llegaron a través de las redes sociales desde fuera de Catalunya cuando Guardiola se despidió de su afición en catalán, o como cuando Gerard Piqué realizó en su cuenta de Facebook un homenaje en su lengua materna a su entrenador fallecido o como cuando en el Empordà tuvieron lugar aquellos terribles incendios. Es lamentable que se me haya olvidado tanto afecto.

Lo siento, sé que me repito pero había olvidado las incontables muestras de solidaridad por parte de la izquierda española cuando un juez catalán fue expulsado de la carrera judicial por escribir ficción. Nunca la izquierda de España se había mostrado tan unánime ante un caso así. Y es de agradecer.

Disculpa, lo había olvidado. No recordaba que tenía que pedir perdón por no pensar como tú.

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