Hoy no

avión

Hoy no. Hoy no hay espacio para el humor, ni para la ironía, ni para bromas que resultarían vocacionalmente patéticas. No caben en días como estos. Quizá tenga más espacio el silencio, una mirada al cielo, un momento de introspección frente al vacío.

Hoy no. Por favor. No tengo el cuerpo para desalmados que desconocen en qué consiste la experiencia de estar vivo. Aunque contextualicemos la crítica, no publicitaremos sus miserias o en qué han convertido su amalgama defectuosa de ADN humano. Para qué perder el tiempo con anécdotas que no deberían ser categoría. Son unos mierdas motivados, los bufones de su propia corte, los detritos de una sociedad que no sabe ser. Por favor, hoy no. Cuando es mayor el número de caracteres que sus neuronas no cabe más posibilidad que afirmar que no todo el mundo es así. Afortunadamente. La prueba es que no nos hemos extinguido como especie. Y ya es mucho. No es catalanofobia o, como en otras ocasiones, no es racismo u homofobia. Es algo infinitamente peor. Es el naufragio de la educación emocional, de la empatía y de todo aquello que nos distingue como humanos y no como bestias asfixiadas por el odio. Hoy no. Aislémosles. Ignorémosles. Multipliquemos por cero su presencia y hagamos de su ausencia una manera de que otras cosas que realmente valen la pena estén presentes.

Hoy no. No hay espacio para periodistas carroñeros, para tertulianos multiexpertos, para enterados, enteradillos y papanatas varios. No, por favor. Hoy no.

Hoy es el día de las víctimas y sus familiares. Es el día del respeto. Pero no del respeto protocolario. Es el día del respeto con mayúsculas. No busquemos los rostros del dolor. No saltemos de un tuit a otro, de un canal de televisión a otro, de una emisora a otra, buscando historias personales que no son más que mercadeo del morbo, palancas de atracción de audiencia o formas de construir un relato en busca de la lágrima fácil. Hoy no.

Hoy no porque conozco uno de esos rostros que iba en el avión. Le vi joven, muy joven. Cuando yo aún era un profesor novato. Fue mi alumno y ya es el segundo que se va en una tragedia aérea. Y aquí queda esta pequeña historia. No hay más. No entraré en más detalles. Porque las otras historias, las grandes, las que se escriben con recuerdos, con convivencia, con afectos cruzados durante años, pertenecen a las víctimas. Y nosotros, los observadores que estamos en la tercera gradería, lo vemos desde lejos, en plano general.

Hoy no, por favor. Hoy no.

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