Carta a Kawasaki, el Madelman patriota

kawasaki

Estimado, o no, Kawasaki:

Vas como una moto. Y no me refiero a que vas rápido, sino que te faltan ruedas para ser un tanque. También te falta motor que, en el caso de los humanos, suele estar ubicado en lo que sería el cráneo, ese espacio óseo que alberga ideas, pensamientos racionales que nos permiten, por ejemplo, hacer del respeto al prójimo nuestra principal gasolina existencial.

No entraremos en discutir tu memoria selectiva, ya que en la revolución de octubre del 34 el ejército no sólo reprimió a Catalunya. Prefiero dedicarme a analizar otros aspectos. El principal de ellos: ¿tuviste una infancia feliz? Creo que, a juzgar por tu aspecto, tú y yo debimos compartir la misma época. Los dos debimos ver Heidi, Marco, Banner y Flappy o Érase una vez el hombre. Los dos debimos gritar como posesos cuando los payasos de la tele preguntaban: ¿cómo están ustedes? Y los dos debimos jugar con Madelmans y flipar en colores con Luke Skywalker. Por eso hoy te debo dar una noticia que quizá te sorprenda: somos adultos. Todo eso quedó atrás. Ya no nos citamos a la salida del colegio con un niño que nos ha hecho una entrada fuerte en el patio para asegurar que le vamos a partir la cara. Tampoco amenazamos a quien nos ha quitado el coche rojo de las atracciones que acaban de poner en el barrio. Somos adultos. Personas que, por su experiencia, prefieren resolver conflictos de otra manera.

Lo de enviar al ejército… no sé… que quieres que te diga… parece propio de un psicópata de telefilm de Antena 3 un sábado por la tarde. Ya sabes… veterano de Vietnam chungo que forma un equipo de veteranos aún más chungos para cargarse al presidente de Estados Unidos en la convención de los demócratas en Iowa. Si esta peli no se ha hecho aún, aquí te dejo el storyline.

No sé si alguna vez te has preguntado cuál es la principal diferencia entre los niños y los adultos, dejando de lado que ellos son más guapos. Terenci Moix explica en sus memorias que cuando tenía pocos años de edad se tragó una moneda. Unas horas después tenía a toda su familia pendiente de su expulsión mientras él, sentado en su orinal, no acababa de entender semejante focalización en su persona. Pues eso, Kawasaki, el mundo ya no gira a nuestro alrededor. A priori ya no interesamos tanto a las personas que nos rodean. Los espacios que conquistemos están al alcance de nuestra mano si lo hacemos empleando la inteligencia. De eso trata la experiencia de la madurez. Si tu alternativa a los deseos independentistas de una gran parte de la población catalana consiste en enviar al ejército, sólo puedo darte un consejo: deja de jugar con el Madelman y cómprate una Barbie.

Em pots seguir al Twitter @alexsocietat i també al Facebook