Carta a un diablo unionista

diabolo

Estimado, o no, Diabolo:

He leído tu pensamiento tuitero y, qué quieres que te diga, me ha parecido de manual. De psicología, concretamente. En él hay dos subtextos que se me antojan perfectamente diáfanos. El primero, es tu autoelección como portero de esa enorme discoteca que crees que es Catalunya. “Tú entras y tú no. ¿Tú no eres independentista? Entras. ¿Tú eres independentista? Mira chico, no me gusta tu pinta, ni cómo me has mirado. Tú no entras. Así que coge las maletas, te compras un billete de avión y te vas a El Prat. Porque lo digo yo. Porque sí. Porque me sale de mis gónadas de Lucifer”.

Eso sí, no sé si expedir credenciales de españolidad o de catalanidad es algo original. Creo que otros lo han hecho antes. Uno mira los libros de Historia y tiene la impresión de que está lleno de individuos, como tú, capaces de separar seres humanos según sus ideas y aplicarles soluciones diferentes. Supongo que debe ser la respuesta simple a realidades complejas. Lo primero es categorizar multitudes para acabar en un “nosotros, ellos”. O, en el peor de los casos, “yo y el resto del mundo”. Imagínate la de ideas perversas que te pueden asaltar si un día llegas a la conclusión de que en realidad hay dos clases de personas: tú y el resto del mundo. He visto muchas películas con personajes así. Y te aseguro que no suelen ser el bueno.

El segundo subtexto que se desprende de tu “limpieza aeroportuaria” (llamarle limpieza étnica no procede) es la consideración de que tú debiste ser el típico niño insoportable que decidía acabar los partidos en el patio cuando iba perdiendo con la coartada de que la pelota era suya. No te puedes ni imaginar los cabreos que llegan a generar esos niños de autocontrol emocional cuestionable. La diferencia es que Catalunya no es tuya. De hecho, ni Catalunya es tuya, ni mía, ni de Rajoy, ni de Mas. Catalunya es de todos aquellos que quieran compartir un proyecto mayoritario, estén o no de acuerdo con el resultado del pensamiento mayoritario. Creo que lo llaman democracia. Y no hagas trampas con los marcos de decisión. El marco de decisión es Catalunya. Las urnas para decidir si Catalunya se convierte o no en un estado deben estar en Catalunya. Y quienes deben decidir su futuro son los catalanes que, si no me equivoco, son todas aquellas personas que forman parte del censo catalán. Y, créeme, estas personas son independendistas, o no; nacidas en Catalunya, o no; con apellidos catalanes, o no; de izquierdas, o no… y así podría seguir hasta formar el enorme arco de orígenes, pensamientos, actitudes, ideales y valores sobre los que se debe articular cualquier sociedad que apueste por la convivencia. No, aquí nadie tiene que hacer las maletas. Ni siquiera tú. Aquí nadie resta. Todos sumamos. Y, el día en el que el pensamiento único entienda que no es el único pensamiento, el día en el que se comprenda que nacionalismo e independentismo pueden o no compartir la arquitectura mental de una persona y el día en el que nadie excluya a nadie por sus ideas, quizá nos vaya todo un poco mejor. Y si crees que no tengo razón, no te vayas, por favor. De todas maneras, lo único que espero es que tú y yo podamos votar para que se escuche nuestra voz.

Em pots seguir al Twitter @alexsocietat i també al Facebook