Carta al Yoyas

yoyas

Estimado, o no, Carlos:

He leído que quieres ser alcalde y te felicito por tu iniciativa. Sinceramente, creo que es positivo que el ciudadano se involucre en la política. Sobre todo si lo hace con una voluntad de servicio. Quizá sea un poco ingenuo pero estoy convencido de que la política más auténtica se hace desde los ayuntamientos porque se supone que es la institución más próxima a la ciudadanía. En los ayuntamientos se deciden políticas urbanísticas o sociales, por poner sólo dos ejemplos, y estas estrategias de futuro forman parte del día a día de todos. También la política municipal tiene una enorme ventaja respecto a la relación con los políticos, especialmente en poblaciones pequeñas: puedes cruzarte con el alcalde o con los regidores por la calle. Y, en los tiempos que corren, eso resulta positivo. No estoy diciendo que tengas más posibilidades de “pegarles un par de yoyas para que les tiemblen hasta las orejas”. Como muchas veces has manifestado en tus apariciones televisivas, la agresividad, aunque sólo sea verbal, no conduce a ningún sitio. Es así, ¿no? Lo que trato de decir es que el alcalde no se puede esconder detrás del maquillaje de un programa de televisión, ni de una supuesta fama ganada gracias a un reality show.

Un alcalde, además de tener una enorme capacidad de diálogo, debe ser sensato, pacífico y hacer gala de mucha inteligencia emocional. Saber gestionar los enfados o los conflictos forma parte del ADN de los mejores alcaldes. Estoy convencido de que en los plenos del ayuntamiento, si has de lidiar con las preguntas de la oposición, jamás soltarás frases del tipo “se va a abrir la caja de galletas y va a cobrar hasta el Príncipe”. Eso lo hacen otros, ¿no?

También sé que sabrás gestionar muy bien todos los temas relacionados con la inmigración. Y es que tengo entendido que una persona que se parece mucho a ti vio cómo multaban al canal de televisión en el que apareció por obsequiar a una invitada musulmana frases como: “con la gentuza como tú estoy indignado…que vienen aquí a hacer juicios de valores, vete a tu país a hacer juicios de valores, a ver tu DNI, a ver tu DNI ¡Tu sangre! ¿Pero qué dices? ¡Anda vete a rezar!, ¡Anda a la Meca!, ¡Que tires pa la Meca! ¡Anda a la mierda…”, “sí, los moracos que me pasan grifa muy mala ¡Anda a la mierda!” o “¡Que te calles! ¿Por qué no vas a tu país a hacer lo que te valoran? Porque ahí te lapidan. ¡Vete a Marruecos y habla” ¡Sinvergüenza!…”. Menos mal que sólo se parecía a ti. Y es que los parecidos físicos o ideológicos a veces traicionan.

Otra de las razones por las que estoy seguro que serás un buen alcalde es por tus conocimientos en… Por tus estudios en… Por tu experiencia laboral en… Bueno, Carlos… te deseo mucha suerte con tu vocación política y con el uso correcto de los subjuntivos y las oraciones subordinadas en tus discursos.

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