Carta a los monstruos de la TDT

Estimados, o no, haters vocacionales:

Llegados a este punto, sólo me queda recomendaros el capítulo de Barrio Sésamo dedicado a la pronunciación correcta del castellano. En primer lugar, no se dice “mostro”. Se trata de una transcripción fonética inexistente. La pronunciación correcta sería “monstruo”. ¿Lo entendéis? Enfatizando el “monssssss”. Como si os hubiesen dado un puñetazo en la boca. “Monsssssss”. Después, es más fácil: “truo”. Así, expulsando el aire. Como una ventosidad de las vuestras, pero por la boca. Bien pensado, en vuestro caso, se parece bastante. ¿Lo probáis de nuevo? Monssstruo. Sí, exacto. Igual que Franco, exactamente igual que esos fascistas que han convertido España en un lugar del que huir cuanto antes mejor, igual que todos los desalmados que tratan a un menor como si fuese infrahumano, igual que todos los ignorantes incapaces de entender qué es una psicopatología y que transforman sus incapacidades en una forma patética de hacer televisión… o algo parecido. Monstruos. Con todas las letras.

Tampoco existe en la maravillosa musicalidad del castellano ninguna imagen fónica de “ñiño”. Existe la palabra ñoño que, si consultamos el diccionario de la RAE, nos dará tres acepciones:

1. adj. Dicho de una cosa: Sosa, de poca sustancia.

2. adj. coloq. Dicho de una persona: Sumamente apocada y de corto ingenio.

3. adj. ant. Caduco, chocho.

¿Lo veis? Caducos, chochos, de corto ingenio. Son esas personas, a las que la TDT ha sacado del anonimato del que jamás deberían haber salido, y que, en vez de arrastrarse a las dos de la madrugada por las barras de los bares soplando vasos de vino peleón, están en un plató, alimentando odio, vomitando agresividad verbal y demostrando que no tienen ni la más remota idea de lo que es la convivencia. Ñoño: sosos, de poca sustancia.

A partir de un cierto esfuerzo, quizá podamos entender que os estabais refiriendo a niño. Infancia. Niñez. Una época complicada. Un momento de la vida en el que el ser humano actúa buscando referencias, modelos a seguir. Y lo hace en un mundo de adultos, donde algunos nunca supieron serlo, porque tampoco supieron ser niños. ¿Cómo explicarle a un niño la maldad? ¿De qué manera se le puede convencer de que el ser humano actúa siempre a partir de la bondad cuando hay monstruos a los que se les concede un lugar mediático? ¿Qué espacio referencial se puede fomentar en la construcción de su identidad si el odio ha conquistado de nuevo territorios que parecían pacificados? Seguramente, apostando por una nueva sociedad, un nuevo modelo, un nuevo estado.

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