Es que hay para alquilar sillas: la historia de la niña traumatizada por vivir en Catalunya

niña

(Reedición de un artículo del 2014)

Estimada, o no, jueza:

Tienes toda la razón. Adaptarse a la vida diaria de Catalunya es tremendamente difícil para una niña de cuatro años. Es que los catalanes somos muy nuestros. Por ejemplo, ¿quieres comprar pan? Es imposible saber dónde lo venden. A las panaderías les llamamos “forn de pa”. Ya sé que cuando pasas por delante ves estanterías con pan e, incluso, cuando entras huele a pan. Además, si le dices a esa señora tan simpática que parece panadera: me da una barra de pan, ¡te da una barra de pan! ¡No se equivoca a pesar de que corres el riesgo de que sea una indígena catalana sin contacto alguno con la civilización! Pero el hecho de que las panaderías se llamen “forn de pa” puede dificultar enormemente a una niña de cuatro años que aprenda a distinguir una panadería de… no sé… una bodega de vinos. Quizá cuando la niña entre en una bodega de vinos vea botellas de vino en las estanterías y huela a vino, pero el hecho de que las panaderías se llamen “forn de pa” y no panaderías, puede suponer un trauma para su mente infantil. No sé si me entiendes. Lo que no sé, es qué hace una niña en una bodega de vinos catalana cuando podría estar perfectamente en Tenerife preguntándose por qué vive siempre una hora por detrás de la capital del reino. 

Yo lo que creo es que la madre, para seguir conservando la custodia de su hija, debería haber trasladado su residencia a la Amazonia peruana donde se habla el Chamicuro, o al Nepal para aprender el Dumitrescu, o a Etiopía, ya que hubiese tenido la oportunidad de aprender el Ongota, que lo hablan seis personas (aunque hay una que fuma mucho y escucha a Bertín Osborne, por lo que no le auguro mucho tiempo de vida).

En fin, educar a una niña extranjera en Catalunya es un motivo claro de retirada de la patria potestad. Imagínate que le da por jugar bien al fútbol como a Messi o a Iniesta, o que, como Najat El Hachmi, se hace escritora y gana el premio Ramón Llull. No debería haber ningún tribunal que permitiera eso. Además, al quedarse el padre en el paro, va a poder cuidarla mejor que nunca. Después de los recortes peperos va a disfrutar de una vida feliz y acomodada. Todo el mundo sabe que ser español y quedarse en el paro es lo más parecido al paraíso.

Pues nada… me voy a esparcir la niebla. Como soy catalán, aprovecharé para comerme a unos niños que he visto hace un rato en la calle. Es que tengo un cuco en el estómago que hay para alquilar sillas.

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