Carta a la Comisión Antiviolencia

antiviolencia

Estimados, o no, miembros de la Comisión Antiviolencia.

Les escribo en son de paz (no quiero que me sancionen por considerar estas palabras como violentas) pero no tengo más remedio que ponerme en contacto con ustedes porque tengo muchas dudas acerca de lo que se puede hacer en este país.

Afirman ustedes que sancionarán al Barça y al Athletic si se silba el himno español. ¿Cuántas personas silbando hacen falta para promover la sanción? ¿Se identificará a esas personas, sean una o noventa mil? ¿Podemos estar seguros que no pondrán ustedes a un infiltrado para que silbe y así tener la coartada necesaria? ¿La voz de pitufo de Montoro, en caso de que asista a la final, es asimilable a un silbido? ¿Y si en vez de silbar, se grita el inicio de El Quijote a pleno pulmón? ¡¡¡En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme!!! 90.000 personas a la vez, gritando las famosas palabras de la obra maestra de Cervantes podrían llegar a confundirles.

El caso es que, puestos a ser surrealistas, déjenme que les explique el trasfondo de la cuestión. A ustedes lo que les jode es que se pongan en entredicho los símbolos de España, que se proteste en contra de esa idea de Hispanolandia, lugar en el que todos somos felices y vivimos en maravillosa armonía porque el himno español es la mayor ingeniería de la creatividad musical realizada jamás por un ser humano y el monarca fue elegido por vía espermática que, sin duda, es la más democrática de todas. ¡Bravo!

Pero, ¿qué es un símbolo? ¡Rápido, Wikipedia! ¡Siempre en ayuda de los blogueros incultos!

Un símbolo (del latín simbŏlum, y este del griego σύμβολον) es la representación perceptible de una idea, con rasgos asociados por una convención socialmente aceptada. Es un signo sin semejanza ni contigüidad, que solamente posee un vínculo convencional entre su significante y su denotado, además de una clase intencional para su designado”. Por lo tanto, no estamos hablando de apretar fuertemente los testículos de quien escribió el himno, ni de ponerle el dedo en el ojo a Felipe VI en plan Mourinho style. Hablamos de unir los labios y expulsar aire. Así de simple. Y, si ni siquiera eso se puede hacer, deberemos encontrar otras fórmulas para que los ciudadanos puedan expresarse libremente. Desterrado el símbolo que significa silbar (ya saben, es una convención social que significa protesta) deberíamos hallar otros.

Hacer señales de humo con 90.000 personas es complicado. Con tanto humo parecería el cerebro de Rajoy buscando una salida a la crisis del PP. ¿Y guiñar el ojo? Sutil, sí. Pero también ridículo. ¿Ponerse de espaldas? ¿Dice algo la legislación sobre el hecho de ponerse de espaldas cuando suena el himno? ¿Dar vueltas sobre sí mismo? ¿Hacer el saludo de Star Trek? ¿Sacar la lengua? ¿Taparse la boca? No sé… resulta complicado inventarse símbolos en una democracia. Bueno… quizá no tanto. En el fondo, el mayor símbolo de una democracia es la urna. ¿Qué tal si ponemos urnas en Catalunya y en Euskadi para que los ciudadanos (llámenles ciudadanos, seres humanos, contribuyentes, personas libres…) puedan decidir si quieren que el himno español y el monarca sigan siendo sus símbolos. Vuelvo a la definición de símbolo: un símbolo (del latín simbŏlum, y este del griego σύμβολον) es la representación perceptible de una idea, con rasgos asociados por una CONVENCIÓN SOCIALMENTE ACEPTADA. Y es que las convenciones socialmente aceptadas cambian con el tiempo. Pero no lo hacen por mandato divino. Son las personas quienes dejan de aceptar determinados símbolos. ¿O acaso la bandera española actual es igual a la franquista? Le preguntaremos su opinión al pollo de Kentucky Franquist Chicken.

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