Torrente Froilán

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Estimado, o no, Froilán:

Ya sé que la adolescencia es dura pero no todos los adolescentes se disparan en el pie, le dan un cabezazo a su primo e intentan agredirle con un pincho o verbalizan racismo. La mayoría de adolescentes se pelean con el acné, no saben cómo romper el hielo con esa chica de tercero de ESO que se parece a Clara Lago o se formulan grandes preguntas existenciales como quién soy, de dónde vengo y a qué hora abren el after. También muchos adolescentes hincan codos en sus apuntes para hacerse un hueco en un mercado laboral con el 50% de paro juvenil, o se apuntan en una academia de idiomas porque saben que su futuro estará en algún lugar de Londres, París o Berlín ya que este país está ideológicamente diseñado para corruptos, ventajistas, amiguetes y chorizos. Por eso, por ser consciente de que a unos la vida les ha situado en unas casillas por detrás de lo que sería el lugar de salida normal y a otros les firmado un destino confortable por vía espermática (en tu caso ovárica) me asquean profundamente determinadas actitudes.

Quizá sea por haber pertenecido siempre a la clase media y por haber tenido la sensación de que la Historia se olvidará de mí, pero cuando nos restriegan por la cara eso de que la monarquía es algo así como el Oráculo de Delfos, en el que el dios Apolo de Borbón marca la línea de pensamiento del reino, no puedo sino sentir indignación por tus apariciones en la prensa. Que no hay referentes claros en cuestiones éticas ya lo sabemos desde hace siglos; que ni las autoridades políticas, ni eclesiásticas, son capaces de mejorar la sociedad en aspectos convivenciales, también lo tenemos claro. Por eso, no tanto a ti porque eres menor de edad, sino a tus padres, se les debería exigir algo más para que no te conviertas en un clon de Torrente.

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