El arte de insultar

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Estimados, o no, odiadores:

Insultar no es fácil. Puede parecerlo pero, en realidad, no es así. Hace falta cierta creatividad porque si no se convierte en un mero ejercicio de mediocridad intelectual. Afirmar de alguien que es un hijo de puta o, amplificar el insulto en su versión XXL, diciendo que es un hijo de la gran puta, está muy visto. Así como los vocablos gilipollas, cabrón o soplapollas. Pero forma parte del ADN de muchos españoles el hecho de abrazarse a los tópicos. Porque en España (como en otros países) la legión de ignorantes resulta abrumadora.

En su libro “El fin de una época” Iñaki Gabilondo asegura que solamente un millón de personas lee por encima de la media y asiste con cierta frecuencia a actos culturales. Creo que es una cifra bastante pesimista pero, aún así, resulta fácil caer en la depresión de pensar que vivimos en una sociedad agresiva, intolerante y poco dada a aceptar arquitecturas mentales que se alejen de los tópicos.

Cuentan que, en una ocasión, el dramaturgo y premio Nobel de Literatura Bernard Shaw envió a Winston Churchill (a quien odiaba profundamente) dos invitaciones para el estreno de una de sus obras teatrales. Con las entradas adjuntó una nota que decía: “Para que venga con un amigo (si es que lo tiene)”. Poco después le llegó la respuesta de Churchill: “Me es imposible asistir a la noche de apertura, pero iré a la segunda función (si es que la hay)”. Eso sí que es insultar de una manera elegante.

Por eso, estimados o no odiadores, os invito a dos cosas:

a) En primer lugar, intentad entender las razones de Xavi y respetadlas, aunque no opinéis lo mismo.

b) Si consideráis que, aún así, resulta imposible quedaros callados (aquí me solidarizo con vosotros porque una de las razones de escribir este blog es no tener que ir a psicoterapia) echadle creatividad al asunto.

En un intento de ayudaros os dejo una lista de lo que os define perfectamente:

Carajaulas

Peinaovejas

Muerdesartenes

Pitofloros

Morrofiemos

Bocallantas

Peloputas

Bocachanclas

Mascachapas

Lamecandaos

Muerdemuebles

Masticalegañas

Caranalgas

Cierrabares

Comebolsas

Morrocoños

Perrocostras

Caraescrotos

Borregohinchaos

Caracartones

Muerdealmohadas

Violabicis

Bocachochos

Soplanucas

Comemocos

Por cierto, en “El arte de insultar” del filósofo Arthur Schopenhauer hay un fragmento que viene perfecto para la ocasión:

El que posee méritos personales relevantes advertirá con toda claridad los defectos de su nación, ya que los tendrá siempre a la vista. Pero el pobre idiota que no tiene nada de lo que pudiera enorgullecerse se agarra al último discurso: estar orgulloso de la nación a la que pertenece. Eso lo alivia y, agradecido, se mostrará dispuesto a defender con uñas y dientes todas las taras y necedades propias de su nación.

Viva España pero que viva lejos. No, eso no es de Schopenhauer.

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