Los 400 aristócratas y la Grandeza de España #Estafa

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Estimado, o no, hermano de la imputada:

Si hay algo que debo agradecer a España (lo único, supongo) es que sigue conservando viva mi capacidad para la sorpresa. Y es que no tenía ni la más remota idea de que en el país de los 5 millones de parados, de los desahucios y de los neoemigrantes con estudios universitarios, existiesen 400 aristócratas. Ciudadanos a los que tú les dices que se han de portar bien porque “es la exigencia de llevar un gran nombre”. Tiene gracia que lo diga alguien que se disfraza de príncipe Disney precisamente por su nombre.

Cada vez estoy más convencido de que, en este curioso país, los principales clarividentes somos los catalanes independentistas, todos aquellos que ya no soportamos vivir en esta pantomima de sociedad y que necesitamos un nuevo modelo.

Por más que lo intento, no acabo de entender cómo se puede permitir que exista la Diputación de la Grandeza de España. ¿Pero qué puñetera mierda es ésa? ¿Estamos locos o qué nos pasa? Veo en la página web que no se trata de ninguna entidad privada sino que la fiesta la pagamos entre todos. Y, mientras, el populacho discutiendo sobre los tweets de un regidor como si ése fuese el principal problema de España.

Veamos lo que dice la web de tan moderna institución: La Grandeza constituye la máxima dignidad de la jerarquía nobiliaria española, siendo conferida por el Rey a una persona, generalmente unida a un Título del Reino y con carácter hereditario. Por ello se habla de Títulos con y sin Grandeza, ya que normalmente ésta no tiene vida propia y sigue el régimen del Título al que se incorpora.

Definitivamente, esto ya no es Juego de Tronos. Es más bien Los Soprano.

Y ahora, ¿cómo le explico a mi hija la Ilustración o la Revolución francesa? ¿Cómo le digo yo que todas las personas son iguales a la luz de la razón y tienen iguales derechos? ¿Cómo puedo convencerle de que los títulos nobiliarios son beneficiosos para el conjunto de la sociedad? ¿Qué capítulo de la Historia me debo saltar para negarle que este país no es sino un truñazo postfranquista que continúa anclado en valores caducos, retrógradas, clasistas y con aroma a naftalina?

En serio… oxígeno. Necesitamos oxígeno intelectual, que alguien abra la ventana, que entre aire fresco, que se haga la luz, que podamos ver que, con un poco de limpieza y sentido común, se puede construir un país normal, que quizá no será una potencia mundial pero que, al menos, no tendrá que ver a 400 figurantes de Frozen gritando “viva el rey”.

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