Wert practica la inmersión lingüística… ¡gratis!

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Estimado, o no, Wert:

Quizá esté equivocado, pero soy de la opinión de que los políticos os debéis pagar el tabaco, el alcohol y el sexo. No sé si esta norma básica del sentido común aparece en la Constitución que tanto veneras pero ya va siendo hora de que se fijen los límites que separan lo público de lo privado. Porque, supongo que no fuiste a París en calidad de investigador. A no ser, claro, que estuvieses en la maravillosa capital francesa para recopilar información sobre la “inmersión lingüística”. ¿Se entiende lo que no digo?

En todo caso, déjame que te diga que eres más agarrado que un chotis. ¿No se te ocurrió una idea mejor que llevar a tu chica a una residencia de investigadores? ¡Venga, chaval! ¡Vaya fiestote! Ya me imagino la cara que debió poner Montserrat (qué morbo su nombre catalán, ¿no?).

  • Mira, Montse… que te invito a un viaje romántico a París.

  • ¡Oh, Pepe Nacho! ¿Y dónde nos alojamos? ¿En el Holiday Inn? ¿En el Crowne Plaza? ¿En el Four Seasons?

  • No, cariño. En una residencia de investigadores. Ya verás cómo molan las cenas. Hablaremos de física cuántica.

Vaya destrempe. ¿Te ha dirigido la palabra desde entonces? Yo hubiese pasado de ti, como de la LOMCE.

París es una ciudad sensacional, espectacular. Tampoco discuto que le quieras dar ciertas alegrías al pajarito ministerial pero debes cuidar más los detalles. ¿Pensaste en Disneyland? Con la cara de amargado que tienes, no te hubiese ido mal un poco de alegría. A lo mejor te hubieses cruzado con algún graduado universitario español disfrazado de Goofy y dispuesto a darte un abrazo en atención a los servicios prestados por tu gobierno.

En fin, ministro, te deseo un largo romance pero, eso sí, págatelo de tu bolsillo. Tu chica te lo agradecerá ya que verá en ello una muestra de generosidad. Y es que he visto a parejas romper por cosas más banales. Por ejemplo, el periodista David Icke, friqui famoso por denunciar la presencia de reptiles extraterrestres entre la elite mundial, recibió una demanda de divorcio de su esposa, Pamela Leigh Richards, en la que ésta afirmaba que su marido era en realidad “un reptil extraterrestre”. Lagarto, lagarto. Lo que sí espero es que no seas fan de Star Trek ya que una mujer británica se divorció de su marido porque le obligaba a disfrazarse de Klingon y a hablarle en la lengua de esos extraterrestres. No… si al final, el sexo en una residencia de cerebritos va a tener su morbo y todo. QamuSHa’!!!

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