No es arte #Toros

papa

Estimados, o no, taurinos:

Supongo que habéis leído lo que ha tuiteado el Papa: “es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas”. Más claro, creo que no ha podido ser.

Hacer sufrir inútilmente a los animales”. “Sacrificar sin necesidad sus vidas”. He visto decenas de debates entre taurinos y antitaurinos y hay algo que no soporto en los que defienden la mal llamada “fiesta nacional”: esa especie de subtexto que crean sus argumentos (?) para demostrar que los antitaurinos somos imbéciles, que no tenemos la sensibilidad necesaria para captar la belleza que hay detrás de un acto de tortura animal. No es difícil llegar a la conclusión de que se sienten tocados por la varita mágica de una especie de sentido extrasensorial que les permite disfrutar con la magia de un hombre moviendo un trapo rojo delante de un toro al que se le maltrata hasta que, al final, se le mata entre el griterío colectivo. Pues no, lo siento. Me creo habilitado para captar la belleza en múltiples formas artísticas pero no en ese lamentable espectáculo de sangre y violencia despiadada en el que sí, el toro sufre. Por supuesto. No hace falta ser veterinario para saberlo. A esa capacidad se le llama sentido común. El menos común de los sentidos, dicen.

Creo que la relación entre el ser humano y el planeta debe ser otra. Supongo que en eso consiste el progreso: en hallar caminos de construcción sostenible, alejados de cualquier forma de explotación. No puedo suscribir ninguna forma de explotación de un ser humano sobre otro, de ningún recurso natural en peligro y, por supuesto, de ningún animal al que se le haga sufrir inútilmente. No voy a entrar en ningún debate sobre si todos deberíamos ser vegetarianos. Entre otras razones, porque es otro debate. Resulta, además, una de las trampas ideológicas que emplean los taurinos. Si estamos hablando de que en un restaurante no se puede fumar porque tengo derecho a comer sin estar rodeado de humo, no me hables de la contaminación atmosférica. Es un argumento bobalicón. Aunque, sí que debería haber un debate profundo sobre la industria alimentaria. Evidentemente. Pero, estimado, o no, taurino: es OTRO debate. Aquí estamos hablando de la apología de la violencia, de la tortura animal, de lo lamentable que resulta que en horario infantil se retransmitan corridas de toros en una televisión pública, de que se pretenda elevar ese absurdo espectáculo a la categoría de patrimonio inmaterial y, sobre todo, que se asimile a un signo de identidad patriótico. Siento el mayor de los rechazos ante TODOS los espectáculos en los que se empleen animales cuando existe la más mínima posibilidad de que sufran. Me da igual dónde se hagan, me resulta indiferente que se les vista con toda la literatura del mundo para hacerlos pasar por cultura, me paso por el forro las tradiciones, paso olímpicamente de los negocios que hay detrás… Simplemente, creo, como he manifestado anteriormente, que debemos mantener otra relación con el entorno y que debemos enseñar a nuestros hijos que, precisamente, en esta relación con el mundo está en juego nuestra supervivencia como especie, desde un punto de vista biológico, cultural, social, emocional, etc.

¿Hay alternativa? Por supuesto: prohibir todo espectáculo en el que se maltraten animales. Porque los animales también tienen derechos. Derechos que deben estar asimilados, tal como insinúa el Papa, a la dignidad humana. No es sólo una cuestión estética. Es, sobre todo, una cuestión ética. Y donde no llega la ética, debe llegar la legislación. En Catalunya ya lo hemos hecho (también es cierto que todavía hay espectáculos taurinos que deberían ser objeto de revisión). ¿Se hará en otras comunidades autónomas? Ojalá pudiera ser optimista.

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