No eres homófobo. Eres gilipollas

 

jesus

Estimado, o no, Jesús:

Yo creo que los homófobos deberíais llevar alguna especie de distintivo que os significara. Así sería más fácil distinguiros porque yo no quiero que mi hija os vea. Me gustaría que se fuese dando cuenta poco a poco de la ignorancia que habita en este extraño mundo para que no se convierta en una pesimista precoz. Debería estar prohibido que hicieseis comentarios homófobos en lugares públicos. Y es que en espacios públicos, como por ejemplo Twitter, deberíais parecer gente normal, que hay niños y ancianos delante, por Tutatis (mi pequeño homenaje a Astérix y Obélix que, por cierto, creo que no son pareja gay).

Hay una palabra en el diccionario que me causa una cierta intranquilidad. Me refiero a la palabra TOLERANCIA. ¿Sabes por qué? Porque lleva adscrita una superioridad moral, un “está bien… no mola nada que hagas esto pero, como soy superliberal, yo, desde mi condición de ente superior, dejaré que lo hagas”. Esta “tolerancia” se traduce en frases como “yo no soy racista. Respeto a los moros… pero como mi hija me meta uno en casa, le parto la cara”. O, como tu tolerancia de progre de postal: “los homosexuales que se casen pero que se oculten porque no los quiero ver. No son gente normal”.

Yo no soy homosexual. Tampoco soy inmigrante en mi país. No sé si pertenezco a alguna minoría, si es que existen las minorías cuando se trata de conceptos como el amor, el sexo o el origen. Me da igual. Mi lugar en el mundo no consiste en parecerme más o menos a mis congéneres. Tengo claras muy pocas cosas y albergo un millón de dudas en otras pero hay algo en lo que mi certeza se torna militancia: la idea de que nadie, absolutamente nadie, debe invadir espacios ajenos, ni afectivos, ni sexuales, ni culturales, ni por cuestión de origen. Rechazo el desprecio que abanderamos cuando nuestros prejuicios o nuestra ignorancia sirven para hacer daño a otras personas, ya sea por actitudes que tienden a la marginación o, peor aún, por las mil formas de la violencia. ¿Qué tal si aprendemos a convivir con la complejidad de los lazos afectivos, se dirijan a quien se dirijan? ¿Qué tal si intentamos empatizar con formas de relación aunque se alejen de aquello que, en principio, se presume normal? ¿Qué tal si empezamos a ver a los demás como personas y no como estereotipos? No creo que cueste tanto.

Para acabar, me gustaría que leyeses un tweet de Morgan Freeman: “odio la palabra homofobia. No es una fobia. No tienes miedo. Eres un gilipollas”.

morgan freeman

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