Carta al señor ADIF

renfe

Estimado, o no, señor ADIF:

Le escribo para animarle a que siga buscando ingenieros en la NASA con la finalidad de arreglar las escaleras mecánicas de la estación de Sants. Es todo un detalle que le honra ya que demuestra el profundo amor que siente por Catalunya. Quiere lo mejor para nosotros y, por eso, sigue en su empeño de localizar al mejor ingeniero del mundo para semejante tarea.

Todo el mundo sabe que las escaleras mecánicas constituyen uno de los mayores ingenios construidos jamás por un ser humano. La carrera espacial, los avances en el estudio del genoma humano o el desarrollo de internet carecen de importancia si lo comparamos con la reparación de unas escaleras mecánicas. Por este motivo, entiendo que un año es poco tiempo. Debemos dejar pasar por lo menos una o dos generaciones para que los felices usuarios de la RENFE las puedan volver a utilizar. Ya sé que de aquí a unos años habrá ancianos que asegurarán que ellos fueron las últimas personas vivas que vieron funcionar las escaleras. Se reunirán anualmente frente a las escaleras para compartir recuerdos mientras los reporteros tratarán de explicar lo que eran unas escaleras mecánicas ya que habrá mejorado tanto la tecnología que ya pocos las recordarán. Pero no es bueno desanimarse si está en juego que ADIF, el Ministerio de Fomento y la RENFE sigan demostrando en Catalunya su buen hacer. Limpieza, puntualidad, un servicio de atención al cliente inmejorable y una tecnología puntera han hecho de la red de cercanías la envidia de todos los países. Me consta que los responsables de los trenes bala de Japón llaman para interesarse por el brillante éxito de este servicio público. Y no sólo eso, los precios han democratizado al máximo el uso del transporte ferroviario. En poco tiempo habrá que pedir financiación para comprar una T10 de tres zonas pero sólo el necio confunde valor y precio. Y es que la red de cercanías ha calado profundamente en el paisaje emocional de los catalanes. La aman tanto que ya muchas niñas se llaman Catenaria.

En definitiva, señor ADIF, siéntase acompañado en su tarea de fichar al mejor ingeniero de la NASA. Eso sí, cuando funcionen las escaleras quizá deba advertirle que el visado lo pida para Catalunya y no para España. ¿Se entiende lo que no digo?

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