Estimada, o no, noción de España: no me gusta estar con quien me odia

901a25_corazon-roto

Estimada, o no, noción llamada España:

Admito que soy un poco maniático: no me gusta que fumen a mi lado, me llevo mal con los conductores que, a pesar de tener el carril derecho libre, prefieren circular por el central a velocidad lenta y no me gusta estar con quien me odia. Si alguien fuma a mi lado siempre puedo buscar otro lugar para respirar aire limpio. Jode que tenga que ser yo quien lo haga pero es un problema de mi asertividad deficiente. Por otra parte, si me encuentro a Mister Centro en la autopista, puedo adelantarle por el carril de la izquierda. Suelo clavarle brevemente los ojos con mi patética mirada pseudoagresiva a lo Steven Seagal pero continúo mi camino sin más problema. Lo que se me antoja más complicado es estar con quien me odia, especialmente cuando no me concede otra posibilidad. Da igual que le lances un millón de indirectas del tipo: “tenemos que hablar”, “hace tiempo que te encuentro rara”, “lo nuestro no funciona”, “no me grites”, “no me tires la zapatilla a la cara cuando te hablo y me estoy afeitando con un bisturí”, “ha sido mala idea que te traigas a tu madre hoy precisamente que me operan de fimosis” o “te he montado 400 Km de cadena humana, una manifestación de 11 Km de longitud y un conato de referéndum con 1,8 millones de personas afirmando que quieren un estado propio y has pasado de mí como de la mierda” . Yo creo que estas frases ya deberían ser suficientes para que la pareja se dé cuenta de que hay un cierto problema de convivencia. Pues, ¿sabes qué, España?: “tenemos que hablar”. Y, sobre todo, tú tienes que escuchar.

Vaya por delante que no te odio. Te admiro en muchos sentidos. De hecho, hemos compartido un destino común durante mucho tiempo. A mí me parecen siglos. Tenemos recuerdos geniales, para qué nos vamos a engañar. Aprendimos a convivir a pesar de nuestras diferencias pero, desde hace algunos años, te noto rara. Es como si todo lo que hago te jodiera profundamente. No soportas que hable con mis amigos en catalán, sobre todo cuando estás delante. Lo interpretas como una falta de educación. Pero, no sé si te has planteado que quizá la conversación no vaya contigo. Yo no espío tus conversaciones de whatsapp porque, sencillamente, no son mis conversaciones. Me da igual si con tus amigas francesas te comunicas en francés o si con tus compañeras de Erasmus lo haces en inglés. Por eso no entiendo que, estando en Catalunya, no pueda hablar con mis amigos en catalán. ¡Joder, a veces tengo la impresión de que continuamente tengo que pedir perdón por vivir!

Te enfureces también cuando me busco la vida fuera de Catalunya. Tú lo llamas embajadas pero no son más que oficinas que intentan realizar el trabajo que tú no haces. Un ejemplo, te inventas una web para promocionar la Marca España y tienes la maravillosa ocurrencia al principio de que sólo esté en castellano. En fin… santa paciencia.

Tampoco te gusta que exija un trato un poco más justo con los gastos de la casa. Sé que gano más pasta que tú. No voy a entrar en detalles porque, como siempre, me acusarás de egoísta y de victimista pero, encima que aporto más, te pasas el día llamándome tacaño. Por cierto, ahórrate los chistes de catalanes. Me los sé todos y cansan.

No quiero continuar con una retahíla de lamentos pero te jode la música en catalán, la televisión en catalán, el cine en catalán, la literatura en catalán… Te jode que Guardiola hable en catalán en el Camp Nou para despedirse de la afición o que Shakira cante “Boig per tu” en catalán. ¡Joder! ¡No vi a nadie tan obsesionada desde que Belén Esteban quería que su hija se comiera el pollo!

En fin, quizá no sea el momento para montar una escenita de culebrón pero me has insultado muchas veces. Es posible que a ti no te parezcan insultos. Sin embargo, me has llamado nazi, etarra, catalufo, polaco y un montón de lindezas más. Yo ya sé que soy un poco cortadito. Lo del seny me ha tenido agarrotado demasiado tiempo pero… qué quieres que te diga… estoy ya hasta lo que vendrían a ser los cojones. Disculpa mi lenguaje pero es que me tienes hartito.

No me quiero alargar. No obstante, necesito que vayas desalojando el piso que hemos compartido. Empieza si quieres con la Delegación del Gobierno. Se me han ocurrido un millón de cosas que se podrían hacer con ese espacio. Después puedes continuar con la Delegación de Hacienda. Ya negociaremos las deudas pendientes, si quieres. Eso sí, te pido que te calmes un poquito. Lo de las leyes… Mira las leyes son una invención para que los espacios públicos se llenen de convivencia pero… las leyes las escriben los humanos y se pueden cambiar. Y los acuerdos se pueden revisar. Y, sobre todo, se puede hablar. Perdón, se puede escuchar. Porque… no es lo mismo un diálogo que dos monólogos. Estos años han habido dos monólogos que, además han sido reiterativos… muy reiterativos. Bueno, hay que decir también que, desde que te dije que quería cortar, no te ha faltado imaginación. Me has echado encima las diez plagas de Egipto encima y a la Camacho… bueno, eso son once.

En fin, España, tampoco quiero que te vayas tan lejos. Necesito tenerte cerca, saber que estás allí, pero, tú en tu casa y yo en la mía. No es nada personal… simplemente, no me gusta estar con quien me odia.

Em pots seguir al Twitter @blogsocietat i també al Facebook