Carta a Rafael Catalá

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Estimado, o no, Rafael:

Como los miembros del Partido Púnico siempre habéis intentado pervertir el lenguaje para confundir a los ciudadanos (indemnización en diferido, hilillos de plastilina, etc.) déjame que acuda al diccionario de la RAE para aclarar varios conceptos. Por ejemplo, ¿qué es la soberanía según la RAE? Respuesta: autoridad suprema del poder público. ¿Qué es, por lo tanto, la soberanía popular? Para que lo entiendas hay que retroceder a 1762 cuando, un señor que se llamaba Rousseau, dijo que el soberano debía ser la colectividad, el pueblo. Según él, cada ciudadano es soberano y súbdito al mismo tiempo al contribuir, tanto a crear la autoridad, como a formar parte de ella. Parecen ideas bastante inspiradoras para las democracias contemporáneas, ¿no crees? Emmanuel-Joseph Sieyès, por su parte, afirmó que la soberanía radica en la nación y no en el pueblo. Con ello quiso expresar que la autoridad no sólo debía tener en cuenta el sentimiento mayoritario coyuntural de un pueblo sino que, además, debía valorar el legado histórico y cultural de esa nación. En resumen, y para no aburrirte: la soberanía es el derecho que tiene el PUEBLO a elegir a sus gobernantes, sus leyes y a que le sea respetado su territorio. Por lo tanto, amigo Rafael, TODOS somos soberanistas. Todos. Otra cosa es que los ciudadanos de una nación hayan o no conseguido el reconocimiento como estado y que éste haya sido o no violentado por la fuerza. Pero, todos queremos ser soberanos. Todos queremos elegir a nuestros gobernantes. Todos queremos contribuir a ser gobernados bajo unas determinadas leyes. Todos queremos que sea respetado el territorio en el que vivimos. Y, cuando digo que todos queremos que sea respetado el territorio en el que vivimos, no sólo hago referencia al rechazo a cualquier incursión bélica sino a que, por ejemplo, queremos que se respeten las leyes de NUESTRO parlamento (Estatut, sistema educativo, etc.).

Por otra parte, ¿qué ocurre cuando una parte muy importante de la población siente que pertenece a una nación que no está siendo respetada por un estado plurinacional del que forma parte y más cuando esta nación ya tuvo estructuras de estado anteriores? Quizá esa parte de la población quiera ser contada, quiera que, de una vez por todas, se sepa cuántos ciudadanos están a favor del statu quo y cuántos desean otro marco de soberanía. ¿Tan difícil es de entender? No, si se tiene claro el concepto de soberanía, tanto popular, como nacional. Y, sobre todo, si se tiene claro el concepto de democracia. Porque, cuando desaparece la democracia, llega la sanción, la imposición y la represión. Prohibido decidir. Ya decidimos por ti. O que sea el 84% de la población el que decida el futuro del 16%

Respecto a lo de que el soberanismo se cura viajando y leyendo me gustaría decirte cuatro cosillas. El soberanismo no se cura porque no es una enfermedad. Lo que se cura viajando y leyendo es la ignorancia. Cuando viajas te vuelves más receptivo a las bondades del soberanismo, tanto si lo haces a países con tradición democrática, como si tu destino es un estado más totalitario. Ambas experiencias te aportan las bondades de una soberanía con vocación de ser popular. Respecto a la lectura, es evidente que sí cura la ignorancia, excepto cuando la única lectura sea la de la Constitución. Sobre todo cuando ésta se convierte en un dogma inexpugnable. Sin embargo, como supongo que tu afirmación se centra en Catalunya, déjame que te recuerde dos datos fácilmente contrastables: los índices de lectura en Catalunya son superiores a la media española y es la comunidad en la que, año tras año, se realizan más viajes al extranjero. ¿Te das cuenta como es la ignorancia lo que se cura leyendo?

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