Si cuela, cuela. Y si no, me la pela #AntonioNaranjo

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Estimado, o no, Antonio:

No sé si estarás de acuerdo pero creo que en las discusiones de pareja hay varias fases y que este proceso racional/emocional se puede equiparar a lo que está sucediendo entre Catalunya y España.

En la primera fase alguien hace daño a alguien. Es una fase complicada porque se corre el riesgo de remontarse a la noche de los tiempos. Ya sabes eso de qué fue primero: el huevo o la gallina. Quizá me equivoque, pero voy a ponerle una fecha. Y esa fecha es el 28 de junio de 2010. El Tribunal Constitucional declaró inconstitucionales 14 artículos y sujetos a la interpretación del tribunal otros 27 del Estatut de Catalunya. Un texto aprobado por el Parlament de Catalunya y refrendado en referéndum por el pueblo catalán. Además, el tribunal estimó que carecían de eficacia jurídica las referencias que se hacían en el preámbulo del Estatut a Catalunya como nación y a su realidad nacional. Dicho de otra forma: nos importa una mierda lo que votéis, no sois nación, no decidís, no tenéis voz, mira lo que pone en tu DNI. Quizá no lo comprendas (he llegado a la conclusión de que en la meseta llegaréis antes a comprender el origen del universo que la realidad catalana) pero ese momento fue la gota que colmó el vaso.

La segunda fase de las discusiones está llena de “todo”, “nada”, “siempre” y “nunca”. Uno intenta hacer memoria retrospectiva para dotar a la discusión de contundencia y acabar con frases del tipo “yo siempre hago todo y tú nunca haces nada”. Es una fase que suele navegar en la demagogia y en la injusticia. Pero, ya sabes cómo somos los seres humanos. Lejos de establecer situaciones “win-win” tendemos a implementar estrategias que nos hagan ganadores, sin tener en cuenta los sentimientos ajenos o a pensar en escenarios posteriores a la discusión. Es lo jodido de pelearse con alguien a quien realmente quieres. En vez de rebajar las pulsaciones y de escuchar los argumentos ajenos, tendemos a arrasar empleando cualquier tipo de arma, aunque haga daño a esa persona con la que seguramente queremos seguir conviviendo. Es una fase realmente dolorosa.

La tercera fase en cualquier discusión es la fase “si cuela, cuela. Y, si no, me la pela”. Creo que en el proceso de independencia catalán y en su relación con el nacionalismo español, es la fase actual. De esta manera, uno llega a leer perlas como “la CUP es fascista. Y el secesionismo catalán, xenófobo”. Y si cuela, cuela. Y, si no, me la pela. No, amigo. La CUP no es fascista. Es un partido de izquierdas, popular (éste sí), asambleario e independentista. Pero, sobre todo, es un partido limpio de corrupción y democrático, dispuesto a pactar y a hacer política. Por otra parte, el secesionismo catalán no es xenófobo. Si lo fuese, estaría condenado al fracaso. Para empezar, los independentistas somos hijos de andaluces, castellanos, extremeños, aragoneses, argentinos, chilenos… Ser independentista no tiene nada que ver con el hecho de renunciar a nuestras raíces culturales y emocionales. Ser independentista significa querer formar parte de un estado en el que realmente puedas decidir y que no te ahogue económicamente, socialmente, políticamente y culturalmente. Y no somos xenófobos porque queremos que nuestro estado sea absolutamente integrador. En un mundo globalizado, la xenofobia se torna como la más ridícula de las situaciones. Eso sí, aceptar influencias externas, no significa renunciar a aquello que es local o a la lengua que se habla desde hace siglos. Los imperialismos y los colonialismos castradores sí son enemigos de la cultura. Y éstos se llevan muy bien con la xenofobia.

¿Y cuál es la cuarta fase en toda discusión? Quizá la mejor sea el silencio, la ausencia de reproches. El silencio te otorga la posibilidad de poner en marcha tu cerebro para interiorizar aquello que se ha dicho, para que las pulsaciones recuperen su ritmo normal y, en definitiva, para crear un espacio de reflexión que haga aflorar la empatía. Eso sí, si la cuarta fase es el insulto (incluyo aquí también el insulto a la inteligencia) y la agresividad, lo mejor es, claramente, la ruptura definitiva. Y en eso, amiguito unionista, nos estáis allanando el camino a aquellos que intentamos atravesar la cuarta fase con cierta inteligencia emocional. De hecho, muchos ya estamos en la quinta fase: la completa desconexión emocional respecto a quien una vez quisimos. No es nada personal. Es dignidad.

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