El vergonzoso símil del nazismo #Asco #JoséLópezGarrido

josé

Estimado, o no, José:

Hoy es uno de esos días en los que el asco ha decidido visitarme. Huelga decir que es la sensación que menos deseo. Soy consciente de que el asco forma parte de nuestras vidas y que, el desasosiego que lo acompaña, al final acaba por recordarnos que somos humanos. Aún así, me gustaría desterrar el asco de todos los minutos que me quedan por vivir.

Te digo esto porque el asco me ha visitado en dos momentos del día. El primero se ha producido al ver un documental sobre Anne Frank, la niña alemana que vivió escondida en Amsterdam durante más de dos años de los nazis, que escribió un maravilloso diario sobre su cautiverio y que acabó muriendo en el campo de concentración de Bergen-Belsen. He visto fotografías que captaban lo que se encontraron los aliados cuando liberaron el campo y he sentido asco. Un asco profundo por lo que puede llegar a hacer el ser humano. Asco por la barbarie, por la sinrazón, por la violencia. He visto montañas de cadáveres, rostros desfigurados por el hambre, por el tifus, por el frío. He visto niños sin futuro. Y he sentido asco por quienes diseñaron ese infierno en Europa.

El segundo momento en el que me ha visitado el asco se ha producido cuando he leído tus declaraciones. Y es que tus mismas declaraciones en Alemania se habrían recibido de una manera muy diferente a cómo se reciben en España. Estoy seguro. Allí la banalización del nazismo no se tolera como se tolera en España. Supongo que, entre otras razones, es porque España es el único país en el que triunfó un régimen fascista.

Asco, José. Me das asco. Tú y todos los que habéis comparado el nazismo con el proceso independentista catalán. Me das asco por tres motivos.

El primero es porque pienso en las víctimas del nazismo. La frivolidad con la que se os llena la boca buscando símiles provoca que se minimicen los efectos de aquella barbarie. Por ellas, por las víctimas, por los 15-20 millones de personas que estuvieron en los 42.500 campos de concentración, guetos o factorías de trabajos forzados, por los niños sin futuro, por las familias rotas, os pido que jamás volváis a utilizar el nazismo como símil. Fue una monstruosidad, sin paliativos, sin excusas, sin interpretaciones históricas enfermizas.

El segundo motivo por el que me provocas asco es porque pienso en todos aquellos ciudadanos que creen (creemos) firmemente en que el proceso independentista catalán debe ser pacífico y democrático. En Catalunya no hay, ni habrá, nunca, jamás, campos de concentración, cámaras de gas o soluciones finales. No hay, ni habrá, nunca, jamás, nada parecido con aquella barbarie. Soy consciente que realizar afirmaciones de este tipo ya es, de por sí, un insulto a la inteligencia pero es que has puesto el nivel muy bajo. Por eso te pido, por las cadenas humanas pacíficas de 400 Km, por las manifestaciones en las que te tienes que apuntar en una página web, por los que votaron un 9 de noviembre aún sabiendo que no tenía validez jurídica, por las familias que se desplazarán a la Meridiana el próximo 11 de septiembre, que no volváis a utilizar el símil del nazismo.

El tercer motivo por el que me das asco es porque pienso en la opinión pública española. Sé que el ciudadano español no es idiota y que hay mensajes que no se cree, pero cuando se promueve la catalanofobia por parte de determinados políticos y los medios de comunicación refuerzan esos mensajes, día tras día, uno empieza ya a tener miedo. Miedo a que la mentira se haga tan grande que ya no se pueda evitar la acción de algún loco aislado. Me dan asco las declaraciones como las que has hecho porque, lejos de promover soluciones negociadas, lo que hacen es encender odios que no existían. El hooliganismo, las tergiversaciones, las mentiras, los símiles vergonzantes, la estrategia del miedo o la propagación de odios deberían estar alejados por completo del lenguaje de un diputado mínimamente responsable. Y es, desde luego, una extraña manera de alimentar el cariño que según vosotros deberíamos tener por España. Por eso, por todos aquellos que no odiamos a un solo español, por aquellos españoles que no odian a un solo catalán, por todos los que defienden soluciones democráticas, aquí o allá, por los que preguntan y se detienen a escuchar la respuesta, os pido que jamás, nunca, tengáis la tentación de volver a utilizar el símil del nazismo. Ya basta.

Em pots seguir al Twitter @blogsocietat i també al Facebook