El etnicismo de Pablo

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Estimado, o no, Pablo:

A mí lo que me da vergüenza ajena es la soberbia, la chulería, la prepotencia. Especialmente, cuando viene acompañada de la ignorancia. Es un cóctel muy dañino para las sociedades. Y cuando alguien que se presenta con ínfulas de hombre de estado, se llena la boca de etnicismo cutre y segregador, no puedo sino sentirme profundamente indignado.

Si te despojaras de tu ego, terriblemente inflacionista a causa de la fama inmediata, si te hubieses preocupado un poco de entender realidades que te resultan tan ajenas, no habrías hecho el más espantoso de los ridículos.

Catalunya es un lugar de encuentro. No ahora, sino desde hace siglos. Por aquí han pasado todo tipo de civilizaciones y todas, absolutamente todas, nos han dejado su magnífico legado. Si algún día te da por subir al Tibidabo, te pido que mires al horizonte. Verás el mar, el Mediterráneo, la cuna de la civilización occidental. Ha sido el puente por el que nos ha venido el sentido del comercio de los fenicios, la filosofía griega o la arquitectura romana. Nuestra puerta permanece abierta a todo aquél que quiera realizar su proyecto de vida con nosotros. Entre otras cosas porque en un mundo globalizado ya no se sabe quienes son los “nosotros” o los “ellos”. Nada más faltaría. Es cierto que tenemos una lengua y unos signos identitarios que nos singularizan y que queremos proteger, pero eso no tiene absolutamente nada que ver con ningún tipo de etnicismo, ni de supremacía extraña. Simplemente está relacionado con aquello que nos hace próximos a un determinado lugar y que nos puede llegar a provocar sentimientos de pertenencia a una sociedad a la que, con sus carencias y defectos, estamos emocionalmente unidos.

Pablo, la mayoría de los catalanes tenemos padres y/o abuelos que han nacido en otros lugares. Y no, no nos avergonzamos ni durante una milésima de segundo de sus orígenes. Eso sólo lo puede llegar a pensar alguien, lleno de odio, que debería estar estirado en un diván mirando el techo. El debate independentista no tiene nada que ver con el origen, tiene que ver con el destino, con si realmente tenemos control sobre nuestro destino, o si el futuro que nos espera depende de un estado fallido en el que muchos hemos dejado de creer. Eso me lleva a plantear una pregunta, ¿cuál es tu propuesta para que, los que llenaremos la Meridiana, podamos sentirnos bien con nuestro DNI español? De momento, te has convertido en el prepotente madrileño que ha venido cargado de tópicos, de soberbia, de chascarrillos castizos, de lecciones morales y de paternalismo de telefilm de sábado por la tarde. No, Pablo, te equivocas. Con ideas reaccionarias y tópicos de tertulia no se cambia un país. La revolución es otra cosa. La revolución no es márqueting político en alta definición.

PD: Por cierto, el que se avergüenza de sus apellidos es tu candidato, Lluís FRANCO Rabell.

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