Manual para no parecer… eso

imbécil

A quien corresponda, que quizás no seas tú… o sí:

Quería haber titulado este artículo como “Manual para no parecer imbécil” pero resultaba demasiado autobiográfico. Y es que me siento realmente imbécil (y, en consecuencia, experto en disimularlo) cuando leo según qué cosas y no soy capaz de desmontarlas sin emplear instrumentos demasiado agresivos. En definitiva, prefiero llamarlo “Manual para no parecer… eso” y dejarme llevar por cierta ironía, que sólo pretende aligerar el “temita”, sin herir sensibilidades. Aunque, esto de las sensibilidades, es como los preservativos: hay unos más finos que otros. Incluso los hay de colores, imagínate cómo serán las sensibilidades.

Pero, antes de entrar en materia, déjame que lance una queja al viento acerca de comentarios que he leído por las redes sociales. Los independentistas no somos los culpables de que tengáis la impresión de que, en vuestras televisiones o en las portadas de los periódicos, la Diada se celebre veinte días al año. Pedidle cuentas a vuestros medios de comunicación (algún resultado económico les reportará el proceso) y a cómo el gobierno lo utiliza como cortina de humo de sus pequeños problemillas con la justicia y la crisis. ¿Os habéis preguntado alguna vez por qué al poder, en cualquier parte del mundo, le va bien la existencia del “enemigo interior”? Introduce en el inconsciente colectivo de la ciudadanía que hay un enemigo interior que amenaza su forma de vida y, no sólo tendrás unas maravillosas pelis de acción protagonizadas por el último cachas guaperas, sino que gozarás de un instrumento de propaganda sensacional, en favor de vete a saber qué idea. En nuestro caso, añade unas gotitas de miedo, una cucharadita de demagogia, el flequillo a la deriva de Marhuenda, la voz aflautada de Montoro o la gerontochulería de Margallo y gozarás de una magnífica fotografía de algunos de los promotores del “enemigo interior”. Ya está… queja lanzada al viento.

Y, hablando de comentarios en las redes sociales, voy a analizar una frase que me ha llamado la atención de esos mundos facebookeros:

Lo único que a los andaluces no nos gusta es que necesitemos un interprete para entender a un catalán. No llegamos a entender por qué, si tenemos un idioma común con el que entendernos, una parte se empeña en no hacerse entender utilizando un idioma que no entiende el 99% de los andaluces.

Amigo a quien corresponda, que quizá no seas tú… o sí, lo que vas a leer es la primera entrega de “Manual para no parecer… eso”. Pretende ayudarte a superar los prejuicios y a llenar las lagunas de la tradicional desinformación que hay en España de lo que supone la realidad de una comunidad bilingüe.

SITUACIÓN 1

Plaça Catalunya. Barcelona. Catalunya. España (de momento). Espacio Schengen (también de momento). 12:00. Un turista sevillano se acerca a un nativo catalán que no sabe que es un turista sevillano, aunque el turista sevillano sí que sospecha que es un nativo catalán porque si no de qué le iba a preguntar nada y le dice:

  • ¿El Tibidabo?

  • Ah, sí… Has d’agafar el tren que surt de…

  • ¡A mí me hablas en español! ¡Que estamos en España!

  • Ah, disculpa. Tienes que coger el metro de la línea roja y bajar en Plaza España. Después coges la Avinguda del Paral·lel y sigues hasta el Port Olímpic. Ya sabes… esos dos rascacielos que están juntos. Allí tienes que buscar el rompeolas. Coge una piedra muy grande y pesada. Te la atas a los pies, recuerdas mi cara y te lanzas con decisión al mar. La parada de tren del Tibidabo está en la segunda medusa a la derecha.

SITUACIÓN 2

Plaça Catalunya. Barcelona. Catalunya. España (de momento). Espacio Schengen (también de momento). 12:00. Un turista sevillano se acerca a un nativo catalán que no sabe que es un turista sevillano, aunque el turista sevillano sí que sospecha que es un nativo catalán porque si no de qué le iba a preguntar nada y le dice:

  • ¿El Tibidabo?

  • Ah, sí… Has d’agafar el tren que surt de…

  • Perdona, no entiendo el catalán. ¿Te importaría… ya sabes?

  • Por supuesto. Mira, si bajas por esas escaleras…

SITUACIÓN 3

Plaça Catalunya. Barcelona. Catalunya. España (de momento). Espacio Schengen (también de momento). 12:00. Un turista sevillano se acerca a un nativo catalán que no sabe que es un turista sevillano, aunque el turista sevillano sí que sospecha que es un nativo catalán porque si no de qué le iba a preguntar nada y le dice:

  • ¿El Tibidabo?

  • Ah, sí… Has d’agafar el tren que surt de…

  • Perdona, no entiendo el catalán. ¿Te importaría… ya sabes?

  • T’estava dient que has d’agafar el tren que surt…

Mi recomendación es que cuando te encuentres con este tipo (que te aseguro que es la minoría, de la minoría, de la minoría), abandones toda posibilidad de llegar a un acuerdo lingüístico. Encontrarás a otros nativos catalanes, dispuesto a ayudarte. Hazle una foto. Entra en el apartado de la Wikipedia que habla del término “imbécil” y súbela sin ningún problema. Sólo te pido que la anécdota no la conviertas en categoría.

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