El centrifugado de España

diabolo

España necesita un buen centrifugado sociocultural. Mejor dicho, la España postindependencia de Catalunya necesita un buen centrifugado sociocultural. Quizá precisaría el programa completo de la lavadora (sobre todo para que desaparezca la corrupción) pero no lo afirmaré categóricamente para que no se asimile a esa “limpieza” que insinúa Xavier García-Albiol.

¿A qué me refiero con lo de “centrifugado”? Un extraño imaginario monárquico ha construido una España Madridcentrista. Todo parece empezar y acabar en Madrid. De Madrid al cielo, dicen. Y bajo ese desequilibrio se ha sustentado la mentalidad tardofranquista de la que tan responsable es el anhelo independentista de Catalunya. Las periferias (sobre todo las más avanzadas) se han visto con recelo. Ha existido, desde todas las esferas del estado, desde los lobbies económicos y desde los medios de comunicación, la obsesión de que la realidad española se debía construir desde la capital del estado.

Quizá te parezca una tontería, una anécdota sin importancia, pero yo no acabo de entender que tú, que vives en Sevilla, o en Valencia, o en Salamanca, aceptes con total normalidad que las campanadas de fin de año, que retransmite la televisión que también tu pagas (y a la que se suman las privadas) tengan que ser siempre, indefectiblemente, desde la Puerta del Sol. ¿Por qué? ¿Está en la Constitución que deba ser así? Ah, ya la tradición. Un breve análisis antropológico nos dará un magnífico catálogo de las barbaridades que se hacen en nombre de la tradición. No estoy diciendo que esta retransmisión televisiva sea una barbaridad. Sólo trato de provocar cierta reflexión acerca de que las cosas pueden cambiar, de que si se quiere una sociedad más justa y equilibrada quizá haya ciudadanos que deban perder ciertos privilegios en favor de ideas menos centralistas. A ti, que vives en Sevilla, en Valencia o en Salamanca, ¿no te gustaría que también, ese momento familiar y tan entrañable, se pudieras retransmitir desde tu ciudad? ¿Nunca te has planteado que éste, como otros muchos detalles nos han llevado a una determinada concepción de España? ¿Dónde se hace siempre el sorteo de Navidad? ¿Por qué en los telediarios nacionales no se suele hacer mención a la actuación de un grupo internacional de música hasta que no recala en Madrid, cuando el día anterior ha actuado en Barcelona o en Bilbao, por poner un ejemplo? ¿Por qué la entrega de los Premios Goya casi siempre se realiza en Madrid? ¿Le has echado un vistazo a la red ferroviaria de España? A ti, que vives en Sevilla, ¿no te parece extraño que si quieres ir a Madrid puedas estar en menos de tres horas en tren y que tardes más de cinco para llegar a Almería? ¿No te parece raro que no se haya hecho ningún esfuerzo por descentralizar más las competencias o por situar los órganos del Estado en otras capitales que no fuesen Madrid? A ti, gallego, ¿no te haría ilusión que en el parlamento español se pudiera escuchar a un político gallego hablar en su lengua materna, que pudiera expresarse en la misma lengua que tú hablas y en la que han hablado tus antecesores durante siglos? ¿Tan extraño sería ese respeto por la diversidad? ¿Por qué las portadas de los diarios deportivos de ámbito estatal casi siempre están monopolizadas por el Real Madrid? ¿Por qué las inversiones culturales en favor de los museos de Madrid es tan desequilibrada? En fin, no quiero continuar. Ya sé que hay matices y opiniones. Sólo te pido que hagas tábula rassa (aunque sea durante cinco minutos) con aquello con lo que te machacan cada día desde todos los frentes políticos, económicos y periodísticos y te preguntes cómo, si tan beneficiados estamos los catalanes, muchos queramos crear un estado nuevo. ¿No será que España necesitaba un buen centrifugado que jamás ha llegado? La derecha (y parte de la izquierda) os ha secuestrado la idea de un país diferente, en el que el equilibrio regional no se hiciese sólo en base a las subvenciones sino, sobre todo, en base a ese millón de detalles que se dan por supuesto y que, como todo, son cuestionables. Pero, como decimos en Catalunya, “ja us ho fareu”.

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