Carta a Belén Esteban

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Estimada, o no, Belén:

Cómo lamento que no hayas querido debatir en 8TV sobre la independencia de Catalunya. Tenía muchas ganas de descubrir tu pensamiento económico, si eres más de Keynes, de Friedman o de Johnnie Walker. Sin embargo, nos tendremos que conformar con que sigas siendo la princesa del pueblo y que descubras día a día a la audiencia los méritos que has logrado en esta sociedad. Yo, que tenía tantas ganas de verte opinando sobre la Guerra de Sucesión y saber si, después de tantas lecturas de novela histórica, has empatizado más con Villarroel o con el Duque de Berwick. Pero voy a tener que quedarme con las ganas. Porque supongo que, lo que te llevó en un primer momento a opinar sobre la situación de Catalunya, son tus amplios conocimientos sobre su Historia. A uno jamás se le ocurre salir por televisión si no tiene cosas interesantes que explicar. Ya sabemos que en la televisión que existe en España, resulta tremendamente complicado que te entrevisten o que la luz mediática se pose sobre tu rostro si tus méritos consisten… no sé… en gritar mucho. Has de haber destacado en alguna profesión, haber sido algún científico o haber desarrollado una carrera en alguna industria cultural. Es tan perfecta la sociedad en la que vivimos que, otros caminos para acceder a la fama televisiva, están totalmente vetados. Yo no concebiría la fama, por ejemplo, en el hecho de haberse casado con un famoso. Me imagino que en eso estás de acuerdo. Esa endogamia de la industria del famoseo no se da en este país. Jamás. Por esa razón, uno espera degustar cada una de tus palabras que, sin duda, nacen de la inmensa cultura que atesoras y de los procesos tan ricos de reflexión que realizas. ¿No te fastidia a ti que haya personajes que perviertan la idea de la fama y que conviertan la meritocracia en una forma utópica de contemplar la sociedad? Suerte que en este país a los jóvenes se les concede una amplia gama de oportunidades. Sin embargo, hay ocasiones en que no siempre es así pero eso no le resta justicia. Por ejemplo, imagínate a esos jóvenes que llenan las aulas de las facultades de periodismo. Todos están deseando un espacio en los medios de comunicación pero, claro, no están tan bien preparados como tú, no tienen tu léxico y tu enorme sensibilidad social. Es imposible que ellos reciban la atención mediática que recibes tú. No gozan de tu formación.

Por eso me ha parecido triste que no hayas debatido sobre un tema que, sin duda, dominas tanto. Estoy seguro que tienes algún familiar en Castellfollit de la Roca, que te encanta la crema catalana o que, desde muy joven, has degustado la poesía de Maragall. Y es que te veo en tu habitación de adolescente degustando la obra del insigne poeta y me emociono:

On ets, Espanya? – no et veig enlloc,

No sents la meva veu atronadora?

No entens aquesta llengua – que et parla entre perills?

Has desaprès d’entendre an els teus fills?

Adéu, Espanya!

Por cierto, no tengas miedo de venir a Catalunya. Aquí no hay radicales sino personas que aspiran a que su pensamiento sea cada vez más libre. Supongo que, en el fondo, es a lo que aspiramos todos, ¿no?

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