Felicidad Nacional Bruta

juanmanuel

En 1972, Jigme Singye Wangchuck, rey de Bután, se inventó un concepto curioso: la Felicidad Nacional Bruta, algo así como el Producto Nacional Bruto pero en plan postureo Paulo Coelho. Harto de las críticas constantes a la pobreza económica del país, el señor Singye creó un término alternativo. La FNB parte de la idea de que el verdadero desarrollo de la sociedad humana debe basarse en el desarrollo material, pero también espiritual. Sus cuatro fundamentos son preservar los valores culturales, promocionar el desarrollo económico igualitario, conservar el medio ambiente y establecer un buen gobierno. En resumen: quizá no tengamos pasta pero nos importa la justicia social, la cultura, el medio ambiente y vivir bajo las leyes de un gobierno sensato y humano. Pues… genial. Por eso, una pregunta da vueltas y más vueltas por mi maltrecha mente: ¿cuál es la Felicidad Nacional Bruta de España?

¿Preservar los valores culturales? Hola, señor Wert, ¿de qué me dijo que quería hablar cuando fue ministro? ¿Del Toro de la Vega o de la LOMCE y la persecución a las lenguas que no son el castellano?

¿Promocionar el desarrollo económico igualitario? Hola, déficit fiscal, ¿qué tal? ¿Cómo te cuelga?

¿Conservar el medio ambiente? Hola, señor me he equivocado, no volverá a ocurrir. Lo que pasa en Botsuana, se queda en Botsuana.

¿Establecer un buen gobierno? Silencio…..cri………….cri………cri……………… ¿Y la europea?

En resumen, si hacemos una foto en plano general a la Spanish FNB, estamos realmente jodidos.

¿Y si hacemos muchas fotos en primer plano? Pues en ese caso la cosa se complica. La mayoría vivimos en una zona de confort. Casi todo nos da igual. Nuestra pirámide maslowiana de necesidades tiene una base en la que está escrito Wi-Fi, o paella del domingo, o muchos amigos en Facebook, o sexo los sábados, o el fútbol en Movistar+, o un emoticono en el WhatsApp con forma de caca y ojos que nos hace reír. Las revoluciones sociales las vemos en 16:9 y en alta definición; los proyectos colectivos nos dan pereza porque seguro que pringo, que aquí el más tonto hace relojes, que ande yo caliente y ríase la gente, que sálvese quien pueda y el último que apague la luz. El mayo del 68, las carreras delante de los grises, amnistía, libertad, contra Franco se vivía mejor… ¿dónde quedó ese espíritu?

La ley. Los viernes sale en rueda de prensa la vieja más joven de España, después del Consejo de Ministros, con sus labios pintados y su demagogia a juego y nos habla de la ley. Y los imputados (perdón, investigados) saltando desde un yate con un bañador amarillo y un alma negra. La ley. La ley que impide votar, que impide hacer fotos a policías, que impide criticar a la monarquía en las redes sociales, que permite que un descerebrado con carencias emocionales escriba en su timeline de Twitter: “que asco me da Artur Mas… un tiro en la cabeza”… La ley.

Felicidad Nacional Bruta. La utopía. El pesimismo. La depresión existencial. Es viernes. 23:25. El país que no quiere ser. Los náufragos que reclaman atención en 140 caracteres. La vida que se mueve a ritmo de tertulia. La noche. La noche. La noche.

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