Aznar el salvapatrias

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Estimado, o no, José María:

Algún día se analizará qué extraña sustancia flota por la atmósfera del Palacio de la Moncloa para que sus exhabitantes más recientes se levanten cada día con la idea de que han sido escogidos para una misión: salvar la patria. No sé si es la comida que allí se prepara o algún ácaro radiactivo que ha desplegado su ecosistema en el despacho presidencial. Lo cierto es que, sobre todo desde 1982, los expresidentes que pusieron todo su empeño en hacer de España un país aún más complicado, levantan la cabecita cada cierto tiempo para reivindicar su misión. Les da igual su pasado. Prescinden por completo de asumir sus errores. Hacen de la arrogancia y la prepotencia su principal signo de distinción y, cuando no se disfrazan de hispanosupermanes, lo hacen con el paternalismo más patético.

Es cierto que muchos contemplamos los palos que le das a Rajoy o tus intentos de dividir al PP en facciones con cierta satisfacción. Sin embargo, nos deja perplejos esa marcada falta de dignidad personal y política. Que alguien que metió a sus ciudadanos en una guerra ilegal basada en una más que demostrada mentira, que alguien que después de 200 muertos intentó montar una campaña de intoxicación informativa para ganar unas elecciones, que alguien cuya principal estrategia económica fue sumergir en la mayor de las burbujas inmobiliarias al país sin pensar en las consecuencias o que alguien que organizó una boda en El Escorial para su hija a la que asistieron más delincuentes que en la primera temporada de Los Soprano, dé lecciones morales en conferencias que cuestan un dineral… no sé… cuanto menos resulta repulsivo.

Eso sí, tienes público. Hay personas que te contemplan como una especie de Oráculo de Delfos con bigote deflacionista. Supongo que en democracia este tipo de admiración se debe respetar. Sin embargo, déjame que te recuerde una frase que escuché hace tiempo: a la gloria de los famosos se adscribe la miopía de sus admiradores. En fin, qué vamos a hacer: Spain is pain… y el resto, tampoco es mejor.

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