El mundo binario de Marina Pibernat

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Estimada, o no, Marina:

Creo que has tenido un ligero fallo freudiano. ¿Movimiento? ¿Gente con piscina? ¿Buenos coches? Estás definiendo claramente una peli porno. Se trata seguramente de una esas inolvidables muestras del séptimo arte que empieza con un cochazo que llega a una mansión con piscina. Tendría un título como: “Si no trabajo, me puedes comer lo de abajo”.

Pero, más allá de esta broma simplona y burguesa, propia de uno más de los independentistas que tanto detestas, déjame que te haga una pequeña reflexión: el mundo es complejo, muy complejo. El mundo no es binario, no es digital, no es una sucesión de unos y ceros. La realidad es variada. Admite matices, niveles. Admite, incluso, contradicciones y errores que no hacen sino recordarnos que somos humanos. Reducir la complejidad a una dialéctica de yo/ellos constituye el paso previo a la demagogia y a una visión marcadamente distorsionada de la realidad.

No, Marina, ese constructo con el que has amueblado tu percepción de la época que vivimos resulta injusto, por simplón, por reduccionista, porque conviertes los estereotipos en una forma más de indigencia intelectual.

Estoy realmente cansado de que personas como tú me categoricen por defender unas ideas. De hecho, estoy cansado de que me categoricen… y punto. No aspiro a formar parte de ninguna categoría. Me conformo con mirarme confundido cada día en el espejo preguntándome constantemente sobre el porqué alguien se siente con un supuesto derecho moral a situarme en una de sus pueriles estanterías mentales. Te lo voy a decir en pocas palabras: cualquier movimiento social, político, ideológico o religioso está conformado por una compleja trama de intereses, anhelos, sueños, frustraciones o neurosis que no admiten la simplicidad de análisis tan de primero de bachillerato como el tuyo. Te lo puedo explicar con manzanas, pero pensarías que forman parte de un entramado de adoctrinamiento frutal, movido por los hilos del chungo_independentismo_catalán_nacionalista.

El hartazgo que me provoca el ejército de “expertos” que cada día hace disecciones de la realidad catalana con la prepotencia y la chulería como instrumentos del odio ha superado todos los límites. A los independentistas se nos ha llamado etarras, fascistas o catetos. Se nos ha llamado también nazis, y cinco minutos después, judíos. ¡Viva la coherencia y la ubicuidad ideológica!

Pues nada, para ti somos neoliberales, burgueses, tenemos piscina y conducimos todos un Porsche Cayenne. Si pensando eso, eres más feliz, no tengo nada que objetar. Si es la única manera que tienes de entender la época que te ha tocado vivir, habrá que respetarla. En fin, te dejo. Voy a pegarle bronca a mi mayordomo. El caviar que ha comprado para cenar era lamentable.

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