Carta a mi amigo apolítico

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Estimado, o no, amigo apolítico:

Te he oído decir muchas veces, casi siempre con orgullo, que no te gusta la política. Lo respeto. A mí tampoco me gusta coleccionar muñecas de porcelana y, no por eso, creo que deba ser criticado por los que coleccionan muñecas de porcelana. Eso sí, te debo confesar que siempre las identifico con las películas de terror… y con Soraya Sáenz de Santamaría. Disculpa la redundancia.

También te he oído afirmar que no eres ni de izquierdas, ni de derechas. Tampoco de centro. Vamos, que estás tan desubicado como Margallo en una reunión de Tuppersex. Y sigo sin criticarlo. Bueno… lo de Margallo, sí. Quizá le iría bien algún juguete. Y no hablo del Toys”R”us.

Sin embargo, permíteme que te aclare algunos temas. Cuando dices que no eres ni de izquierdas, ni de derechas, estás diciendo que te da igual si se suben o se bajan los impuestos, o que te resulta indiferente si los impuestos que se suben o se bajan son directos o indirectos. También estás afirmando que te resulta indiferente si la empresa que puntualmente te cobra la luz, o el gas, o el agua es pública o privada. No debe importarte tampoco si el gobierno de turno nacionaliza o privatiza empresas.

Cuando aseguras aquí y allá que eres apolítico porque todos los políticos son iguales y que no te consideras ni de izquierdas ni de derechas, estás confirmando que tu interés en política es tan bajo que es probable que te dé igual si tu alcalde recibe comisiones por considerar terreno edificable esa zona tan bonita, llena de árboles y verde, donde antes te sentabas a descansar tras hacer footing. Supongo que te debe dar igual saber que tu alcalde conduce un 4×4 gracias a sus amiguitos los constructores mientras tú, que trabajabas en una empresa con beneficios, ahora estás en paro porque nadie en la administración presionó para que esa empresa no se deslocalizara.

Si dices que no eres ni de izquierdas, ni de derechas, te debe resultar ajeno el debate sobre la edad de jubilación, sobre el aborto, sobre la eutanasia, sobre la igualdad de sexo, sobre los derechos de los homosexuales, sobre la ley de dependencia, sobre los derechos laborales o sobre los derechos sociales, en general. Tienes todo el derecho del mundo a pensar así pero, al menos, estaría bien que supieras que hay personas que están firmando cosas por ti, a veces, respaldados por las urnas y, en otras ocasiones, porque les sale de los cataplines y no tienen vocación de contar contigo o conmigo.

Porque, si te dicen que no puedes votar en esa consulta porque a ellos no les da la gana que votes en esa consulta y después te dicen que no protestes por no poder votar en esa consulta porque ellos dicen que no se puede protestar por no poder votar en esa consulta, quizá vaya siendo hora de tomar partido por algo, aunque sea por coleccionar muñecas de porcelana.

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