Keep calm and bye bye Spain

keep calm

Te gusta ser manejado por una persona fuerte. Te encanta la firmeza. Necesitas que tu presidente y con él, tu gobierno, te meta en vereda. Por supuesto, disfrutas cuando mete en vereda a aquellos que no opinan como tú, pero entiendes que a ti también te dé caña. Es el precio que estás dispuesto a pagar por vivir en un país de derechas… sin derechos.

Quieres ser miembro de una sociedad que rechace a los inmigrantes. Te han dicho que se quedan con tu trabajo y te lo has creído. No te recuerdan que dejaste los estudios (o que los estudios te dejaron a ti) y que ahora no tienes más formación que un graduado escolar y el Marca del bar. Tu gobierno no te dice que te chutó en vena el sueño de un país próspero a base de ladrillo y que el pelotazo te llenó los bolsillos, mientras los bancos te mostraban fotos de 4×4 y adosados a pocos kilómetros de la ciudad. Qué rico eres, obrero que reniegas de aquello que fuiste, nuevo rico popular que ahora hace cola para sellar.

Te asusta el relativismo aunque no sepas qué es. Te ponen los absolutos, la unidad del reino, los toros y Santiago y cierra España. La diversidad te molesta, la multiculturalidad es una palabra que usan los rojos y los perroflautas para romper el país. No hay más nación que España, no hay más selección que la Roja, los colores de la bandera son dos gotas de sangre y un rayito de sol. Te sientes orgulloso de un pasado colonial y evitas mencionar que de aquello no queda nada ya. Si acaso un tono prepotente, un “mira tu DNI”, un gesto airado cuando alguien te lleva la contraria.

Te agarras a cuatro tópicos, a un mundo estereotipado por la tertulia permanente. Eres feliz mirando a nostálgicos de caspa generosa y olor a naftalina. Insulta, difama, miente, ningunea, tergiversa… Elige respirar. No elijas libertad. Elige lealtad. Rechaza dudar. Ya pensarán por ti, firmarán tu futuro por ti. Y cuando te puteen, te consolarán diciendo que no tenían más remedio, que es la crisis, o la humedad relativa, o las ganas de que todo continúe igual.

Te gusta que te pongan firme, que nadie hable catalán, que el ascensor no esté ocupado por el vecino homosexual. Hay que atar en corto, meter en cintura. Yo hago lo que diga la Constitución, el Rey y el Tribunal Constitucional. Es la ley, es el orden. Es la cara de gilipollas que se te queda cuando te hablan en inglés. Es la cabra de la legión, el Toro de la Vega y Belén Esteban que no deja de gritar. ¡¡¡Andrea, cómete el pollo!!! Fistro, pecador. El IBEX 35 y la paga de Navidad.

Yo me he ido ya. Y no quiero regresar. Déjame que te escriba estas letras como carta de amistad. Pero, ante todo, déjame en paz.

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