Política y deporte

121007_CampNouIndepe_167

Hay una corriente generalizada que asegura que no hay que mezclar política y deporte. Desconozco si es para preservar a la política de la contaminación del deporte o viceversa. Tampoco sé si las personas que afirman que no hay que mezclar la política con el deporte son las mismas que aseguran que no se debe mezclar la política con el humor o la política con el sexo (no, Clinton, ya sé que no eres uno de ellos). En todo caso, sí que parece políticamente correcto (¡viva el oxímoron!) mezclar la política (ejecutiva y legislativa) con el sistema judicial o el deporte con las multinacionales (aunque sean empresas de apuestas) o con compañías aéreas de países con vinculaciones islamistas. Lo que sospecho (y quizá me equivoque) es que muchos de los que afirman, cual frase de Coelho escrita en una postal, que no hay que mezclar política con deporte son los primeros que animan a su selección nacional de fútbol al grito de ¡España!, ¡España! cuando sienten que esos jugadores de fútbol defienden al país con el cual se sienten identificados. Y es que quizá la palabra clave en todo esto sea, precisamente, identidad.

Tengo la sospecha (repito, quizá me equivoque) que muchos de los que defienden la tesis a la que hago referencia son los que mayores altavoces poseen para publicitar su identidad. En ese caso, parece evidente que no precisen otras plataformas, como el deporte, para hacerse visibles. Se trata de una de las clásicas facilidades que tienen las naciones cuando detrás están sustentadas por estados. La mirada del otro, el reconocimiento de la identidad, están asegurados. También sospecho que muchas de estas personas que afirman que no hay que mezclar la política con el deporte, experimentan un cierto cabreo interior cuando los miembros de una comunidad cuestionan su identidad, proponiendo otra o, simplemente, diciendo que no se sienten emocionalmente unidos a la identidad que goza de los beneficios de un estado detrás. Creo que, lo que prefieren en estos casos, es que hagas de palmero mientras ellos bailan o, incluso, que te veas desprovisto de tu identidad. Un poco como Albert Rivera disfrazado de swagger buscando el Wi-Fi de La Maquinista.

Si no hay que mezclar política con deporte, espero que los aficionados del Real Madrid no vayan al campo con banderas de la Comunidad de Madrid. Ups, mal ejemplo, ¿no? Es que esto de las identidades se tiene o no se tiene. Además, son un poco como las flatulencias: sólo molestan las de los demás.

También estaría bien que dejaran de existir las selecciones nacionales. Si no hay que mezclar la política con el deporte, el primer paso sería despojar al deporte de cualquier signo político. ¿O es que la vinculación de los deportistas con un estado, no es hacer política? ¿Qué son los Juegos Olímpicos sino la perfecta plataforma para promover sentimientos nacionalistas? Ah, claro, cuando detrás hay un estado, el nacionalismo es patriotismo, y eso es buenísimo. Claro, el patriotismo es el colesterol bueno y el nacionalismo es el colesterol malo.

En mi humilde opinión, lo que no hay que mezclar jamás es la política o el deporte con la sinrazón, con la insensatez, con la violencia o con la imposición. Con el resto de mezclas y con la expresión de las identidades políticas, que la gente haga lo que le dé la gana. Lo que ya no estoy tan seguro es de mezclar el deporte con el sexo. Especialmente, cuando el deporte es la petanca. Un bolazo en cierta parte del cuerpo y es probable que te quedes con la misma voz que Montoro.

Em pots seguir al Twitter @blogsocietat i també al Facebook