Leguina, Leguina…

leguina

Estimado, o no, Joaquín:

Quizá tengo la piel muy fina pero, qué quieres que te diga, hay cosas que no me gusta que me digan. No me genera felicidad que mi médico me diga que tengo el colesterol alto. Tampoco me llena de alegría que mi peluquero afirme, sin prepararme antes emocionalmente, que se me cae el pelo. Pero, sobre todo, no me gusta que nadie, absolutamente nadie, me compare con un etarra. Quizá sea un poco maniático pero ponte en mi lugar. Cuando miro mi nómina y veo lo que me descuenta de IRPF este estado español que tan y tan bien funciona y con tantos y tantos totems de referencia moral, no me siento etarra. Cuando me subo a uno de esos maravillosos trenes de cercanías de RENFE tan y tan puntuales, tampoco me siento etarra. Cuando me rasco el bolsillo en uno de esos funcionales y estéticamente vanguardistas peajes que pululan por la geografía catalana, tampoco me siento etarra. Quizá me sienta… no sé… raro. Debo ser eso… raro. ¿Debería sentirme etarra? ¿Debería odiar a alguien en concreto? ¿Debería tener ganas de asesinar a alguien?

De hecho, si hablas con alguno de mis vecinos, te dirán que soy un tipo bastante normal, aburrido incluso. Nunca me han visto preparar una bomba en el vestíbulo, ni bajar con un lanzagranadas en el ascensor. De hecho, la única bomba que me atrevería a preparar es un aperitivo con berberechos caducados. Estás invitado, por cierto.

No, creo que no soy etarra. La actividad más arriesgada que hago es nadar tres veces por semana en una piscina con cloro. Bueno, y comerme alguna de esas cancerígenas salchichas de frankfurt con un poco de ketchup. Sí, efectivamente, soy un ciudadano normal, gris, aburrido, asqueado (seguramente), indignado (probablemente), que está harto (con toda seguridad) de demagogos, lameculos, patriotas con cuenta en Suiza, cadáveres políticos con tendencia al insulto, españolitos low cost que tienen entra ceja y ceja la puñetera unidad de la patria, periolistos calumniadores e iluminados cuya principal aportación al pensamiento universal consiste en afirmar que “un plato es un plato y un vaso es un vaso”. Ardo en deseos de saber cómo es el resto de la vajilla.

En fin, Joaquín, me gustaría saber cómo te sientes si alguien te dice que eres como un pedófilo pero que la única diferencia es que ellos cuelgan determinadas fotos en internet y tú todavía no, o que eres un maltratador pero la única diferencia es que ellos son unos monstruos y tú todavía no. Me apuesto con una ruleta rusa de carne procesada a que no te sentirías muy bien. Pues eso es lo que tengo la impresión que nos pasa a los independentistas cuando escuchamos afirmaciones carajilleras como la tuya. No nos sentimos etarras. Lo que sentimos es que ya no nos une nada a tipos como tú, que nos importa de poco a nada todo aquello que suene a español, que tenemos unas ganas inmensas de poder construir un estado propio con vocación de ser mejor que otros. Creo que a este deseo se le llama libertad. Dicen… no sé… quizá me equivoco. Ya te digo, soy un tipo normal, aburrido incluso.

Àlex

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