Alfonso Guerra, lecciones de histeria

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Me encantan los libros de Historia. En algunas ocasiones, leerlos es como volver a ver de nuevo tu serie favorita. Sabes cómo acaba, qué personaje tiene éxito, quién fracasa… Por cierto, en saber quién fracasa, el socialismo español nos ha dado grandes lecciones. Si se hiciera una serie sobre vosotros sería una mezcla entre “Los Soprano” y “Mister Bean”. Pero no nos desviemos del tema. Lo que trato de decirte es que en los libros de Historia, siempre, absolutamente siempre, encontraremos páginas que puedan darnos pistas sobre situaciones actuales. Por ejemplo, cuando hablas de 1934 y sale el nombre de Lluís Companys, también estaría bien que mencionaras el fracaso de la Revolución de Asturias organizada, entre otros, por los socialistas. ¡Ay, esta Historia de la que sólo nos vale lo que cuestiona al oponente!

Pues si la Historia se utiliza para manipular a la opinión pública, imagínate qué es lo que se hace con el futuro. Con el futuro se corre el riesgo, no sólo de hacer el ridículo, sino de confundir deseo con realidad. Eso sí, hay algo que resulta muy fácil de adivinar en España: cualquier ex político se siente con el derecho de realizar predicciones apocalípticas sobre una Catalunya independiente. Si a eso se le suma el hecho de que dais la impresión de que escucháis vuestra voz con eco, como si bajarais del Monte Sinaí con las Tablas de la Ley (también conocida como Constitución), ya no estaríamos hablando de “Los Soprano” o “Mister Bean”, sino de “Aquí no hay quién viva”. Y es que, vivir con vosotros, empieza a ser más difícil que oír una “s” sonora en Xavier García Albiol.

Lo siento, Alfonso, pero el principio de incertidumbre de Heisenberg no funciona cuando se trata de sociedades. No creas que, por observar la realidad catalana, por estudiarla y, sobre todo, por amenazar, vas a cambiar un ápice las ganas que tenemos los independentistas de jugar con otras reglas. Las reglas, por ejemplo, que nos pueden dotar de mecanismos para que no se repitan situaciones como las de un Estado, que conoces muy bien, en el que nunca se llegó a aclarar quién estaba detrás de los GAL. ¿Hablamos de esas páginas de la Historia? Sí, sólo hay incertidumbre. Quizá el complemento a esa incertidumbre sea que unas personas se expliquen con sinceridad y que otras escuchen activamente. Así es cómo el observador puede realmente interferir en la realidad y que las lecciones de Historia no se conviertan en lecciones de histeria. Gracias, Heisenberg.

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