El periodismo español agoniza. La indignante noche del 13 de noviembre

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La casi invisible cobertura informativa de los atentados en París por parte de las televisiones españolas de mayor audiencia fue indignante porque:

No se cree en Europa. A Europa se la utiliza para que se posicione en contra del proceso independentista catalán y para que no se olvide de dar subvenciones. Pero se la ve lejana a pesar de compartir con ella un legado cultural e histórico común. Los españoles son europeos cuando les conviene y deberían ser europeos por vocación y afecto, las 24 horas del día y los 7 días de la semana.

Las televisiones han renunciado a la información como palanca de atracción de audiencia. No se invierte lo suficiente en un periodismo imparcial, objetivo y formativo. No se destinan suficientes recursos a corresponsalías o a enviados especiales para que personalicen la información, investiguen y expliquen la realidad de manera desacomplejada y sobre el terreno. Se prefiere un periodismo low cost, al servicio de los poderes, en los que brilla por su ausencia el análisis desapasionado y la intermediación ante la complejidad. Se envía a chavales recién salidos de la facultad a cubrir informaciones por un sueldo de mierda. A cambio, han de redactar la crónica, grabar el vídeo, registrar la voz en off, editar la pieza  y hacer las fotos. Hombres y mujeres orquesta. Un solo sueldo y ellos pensando que el periodismo con el que soñaban no se parece en nada a lo que hacen. Eso sí, después compiten, informativamente, con noticias de patitos que cruzan carreteras con mamá pato y, profesionalmente, con famosetes dispuestos a pegar el mejor polvo por una exclusiva y una vida sin trabajar. Asco inmenso.

Las tertulias, no es que no sean imparciales, sino que además apuestan por expertos florero capaces de opinar de lo humano y lo divino con la única premisa de dar espectáculo. Y es que, cuando el espectáculo se mezcla descaradamente con la opinión, surge la demagogia, la tergiversación, la manipulación y la indigencia intelectual. Echemos de todas las televisiones a los tertulianos mercenarios. Hacen daño a la sociedad. Son escoria televisiva cuyo único juramento de fidelidad lo hacen con el rechazo a cualquier responsabilidad social. Bajo la premisa de una supuesta libertad de expresión, insultan, denigran y amenazan a todos aquellos que son contrarios a sus ideas. Más asco.

Las televisiones públicas se llenan de amiguetes del poder y las televisiones privadas… también. El periodismo en España agoniza, está en coma desde hace mucho tiempo. No se compite por calidad, no se compite por convertirse en vigilante permanente del poder, no se compite por destapar las vergüenzas del sistema; se compite por ser aliado del poder, fiel servidor de intereses políticos, económicos o judiciales (que vendría a ser lo mismo, en una amalgama que haría enrojecer a Montesquieu). Cuando en un registro policial llega antes la prensa que los policías o cuando las portadas o los informativos televisivos adelantan decisiones judiciales con una precisión de cirujano, sólo cabe anunciar que el periodismo en España (y, por supuesto, la política) agonizan como un enfermo terminal. ¿Hay excepciones? Por supuesto. ¿Hay esperanza de que el periodismo aporte valor a la democracia con la que supuestamente los españoles se han dotado? Poca.

Ayer fue un día negro para el periodismo en España. No fue la primera noche. Muchos recordamos aquella del 27 de enero de 1993 cuando nació definitivamente la telebasura a raíz del caso de las niñas de Alcàsser. O las noches posteriores al 11M, cuando el gobierno del PP mintió descaradamente a todo un país. Nos quedan más noches como aquellas pero, sobre todo, nos queda la sensación de que la televisión generalista, con concursos bobalicones, chonis que gritan y periodistas mercenarios, no aportan absolutamente nada a la construcción de una sociedad crítica, inteligente, madura, con curiosidad por el mundo en el que vive y alejada de la mediocridad intelectual que calienta sofás con la esperanza de que mañana sea un día mejor. Todos somos culpables. Yo el primero.

P.D. Y si la rápida respuesta que dio TV3 ayer por la noche a las necesidades informativas de sus espectadores es adoctrinamiento, quiero seguir adoctrinado muchos años más. Con todos sus defectos (que los tiene) es una de las mejores televisiones públicas de Europa. Que nadie lo dude. Aprovecho también para enviar todos los ánimos del mundo a aquellos periodistas de raza, a aquellos periodistas vocacionales, que día sí y día también, se baten el cobre para que los ciudadanos podamos estar bien informados, a pesar de las decisiones empresariales de unos pocos. ¡Viva la profesión de periodista!

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