El patriotismo de Margallo #Cinismo

margallo

Estimado, o no, Margallo:

Ya salió la palabra: patriotismo. Tardaba mucho en salir pero, finalmente, ha aparecido en escena. El patriotismo es un constructo, no existe, al menos biológicamente. No se lleva en el ADN, ni pertenece a ningún grupo humano en concreto. El patriotismo es un sentimiento inventado por el poder, es un efectivo instrumento de control de las masas ya que, ante la ausencia de razones, siempre quedan los sentimientos como catalizador de determinadas acciones o como anestesia ante el dolor de la injusticia. No me hables de patriotismo, por favor. Y menos, tú.

España no necesita patriotas, no necesita a nadie que cante el himno (perdón, que lo tararee) o que se emocione ante la presencia de una bandera española. Entre otras cosas porque de esos signos de identidad se ha apropiado la derecha y parte de la izquierda. España no necesita de ninguna muestra de patriotismo, a menos que se quiera usar como palanca de atracción de votos. De eso sabéis mucho, ¿no? Afirmar que con el patriotismo de los franceses nos iría mejor es como afirmar que si no te suenas los mocos acabarás antes con el resfriado. No son los síntomas, ministro, son las causas lo que hay que analizar.

El patriotismo es un sentimiento, inducido en la mayoría de ocasiones, pero sentimiento al fin y al cabo. No lo critico. Cada uno es dueño y señor de la gestión de su patria emocional. Unos se emocionan con las canciones de One Direction y, otros, con las de Radiohead. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar las emociones de otras personas? El problema se genera cuando el patriotismo es utilizado (por unos y otros; de eso no se libra nadie) para generar sentimientos de pertenencia a un ideario político o económico que justifique algunas medidas (coercitivas, en demasiadas ocasiones). Ante la ausencia de argumentos racionales, que sean los sentimientos, los afectos, quienes llenen el vacío. Es un poco como decirle a tu hijo: quizá tu padre sea una mierda y no se haya preocupado de ti pero, como es tu padre, le tienes que querer. Pues no. Las reglas del juego no son esas.

El amor tiene tres ingredientes básicos: respeto, admiración y confianza. Tres ingredientes que, especialmente en estos últimos años, no es que no se hayan potenciado por parte del gobierno y del establishment hispanocéntrico, es que se han pisoteado con toda la fuerza del tardofranquismo español y de la acomplejada izquierda que busca su lugar en el mundo. Para empezar, se sigue sin respetar la diversidad lingüística. Ni siquiera te digo admirar, que sería lo lógico. Es, simplemente, respetar. Que en el 2015 se siga sin poder hablar en catalán, en euskera o en gallego en el Congreso, no tiene nada que ver con el patriotismo, sino con algo más perverso aún: el intento de volver invisible la identidad cultural de muchos ciudadanos. Tampoco se respeta la memoria de los muertos. Cuando tantos años después de la muerte del dictador, aún se celebran misas en España en su recuerdo y vuestro partido sigue sin condenar las barbaridades que hizo el régimen que comandó, no es fácil contagiar patriotismo a una parte importante de la población. ¿Sigo con las causas del resfriado o nos seguimos lamentando de que la gente utilice pañuelos para sonarse los mocos?

No, Margallo, España no necesita patriotas. Para empezar, necesita respetar, admirar y confiar en la sociedad en la que vive. Porque los tres ingredientes del amor no son Unidad, Constitución y la Roja, campeona del mundo. Son, te lo repito: respeto, admiración y confianza. Cuando una sociedad ve cómo se recortan los derechos laborales, cuando ve cómo se deteriora la sanidad y la educación por falta de recursos, cuando asiste día sí y día también a nuevos casos de corrupción (muchos del partido en el que militas) que hables de la envidia que sientes por el patriotismo francés resulta, cuanto menos, cínico. Ojalá defendieras para España la revolución del pensamiento que tuvo lugar en el Mayo del 68 cuando “bajo los adoquines había arena de playa” (gracias, Ismael Serrano). Si me permites un pequeño momento de broma, me encantaría saber si sientes envidia de los patriotas franceses que, a finales del siglo XVIII, pasaron por la guillotina a sus gobernantes, monarca incluido. Tengo la impresión de que ese patriotismo no es un motivo de honda satisfacción para ti.

En resumen, España no necesita patriotas. Necesita personas que apuesten por estrategias colaborativas por encima de estrategias competitivas o que participe profundamente de la vida asociativa (pásate por Catalunya y recibirás un curso completo por parte de “esbarts dansaires”, “colles castelleres”, “esplais”, compañías de teatro y asociaciones deportivas, por poner unos pocos ejemplos). Necesita toneladas de respeto, admiración y confianza hacia su riqueza multicultural (ya sé que a Xavier García-Albiol le pone nervioso esta última palabra. Bueno, atendiendo a su formación académica lo que le pone nervioso es la cultura. Así, en general). España necesita diálogo entre las muchas “Españas” que la habitan. Y no, vosotros, a los que se os llena la boca con la palabrita patriotismo, no sois ni de lejos los más indicados para hablar de patriotismo. El patriotismo no recibe sobresueldos, ni paga sedes con dinero negro, ni lleva a la guerra amparado en mentiras, ni miente sobre líneas de investigación, ni usa a los tribunales para no tener que asumir debates políticos. Eso no es patriotismo. Es cinismo, tomadura de pelo y fraude intelectual.

Em pots seguir al Twitter @blogsocietat i també al Facebook