Carta a Fernando Sánchez-Dragó

dragó

Estimado, o no, Fernando:

Pues, qué quieres que te diga, yo hace 40 años no sé si era más libre. Lo cierto es que tenía menos responsabilidades. Con aprenderme las tablas de multiplicar, no dar el coñazo en el cole, no contestar mal a mis padres y no dejar la habitación hecha un desastre, cumplía bastante el expediente. Supongo que, de alguna manera, los adultos tenían también una lista de responsabilidades: aprenderse la enorme lista de fachas con privilegios, no dar el coñazo en la fábrica, no contestar mal a los grises y no dejar de mirar al suelo, cuando en otros países sus habitantes miraban al cielo.

Dices que “la libertad está hecha de pequeñas cosas y no de grandes palabras (asociación, expresión, reunión o manifestación)”. Bueno… Fernando… es como decir que el sexo está hecho de besos sin lengua, pajas en un cine y fotos del Interviú. Tú de eso sabes mucho, ¿no? Vamos que, según cuentas en la página 164 de tu libro Dios los cría… y ellos hablan de sexo, drogas, España, corrupción, escrito a cuatro manos con Albert Boadella: “En Tokio, un día, me topé con unas lolitas, pero no eran unas lolitas cualesquiera, sino de esas que se visten como zorritas, con los labios pintados, carmín, rimel, tacones, minifalda… Tendrían unos trece años. Subí con ellas y las muy putas se pusieron a turnarse. Mientras una se iba al váter, la otra se me trajinaba”. Esto no es libertad hecha de “pequeñas cosas”. Eso es ser un cabrón con todas las letras. Ah, no… que según dijiste después “la historia está literaturizada y que, en cualquier caso, fue un coqueteo sin importancia”. Sí, ya. Literatura. Hello Kitty en una rave.

Asegura también el “intelectual” que hace 40 años “podía comprar dexedrina sin receta, podía aparcar mi dos caballos sin el ticket del parquímetro, podía ir en coche sin cinturón, podía beber champán con mi novia en el Retiro, podía trabajar sin que los impuestos se llevasen la mitad del pan ganado, podía ir de putas, aunque rara vez lo hice, sin que me multasen, o podía coger un avión sin verme sometido a inútiles sevicias”. Bueno, Fernando, vayamos por partes, como cuando Rajoy hace un análisis sintáctico de sus famosas meteduras de pata.

Mira lo que he leído en internet:

La Dexedrina ha estado disponible desde 1930. Originalmente se la prescribía para la pérdida de peso y la depresión, ahora se la receta primariamente para el trastorno del déficit de atención (ADD, por sus siglas en inglés), el déficit de la atención del desorden hiperactivo (ADHD, por sus siglas en inglés) y la narcolepsia. Es uno de los componentes del grupo de las anfetaminas, que son estimulantes del sistema nervioso central usadas para incrementar la capacidad de atención y disminuir la inquietud, aumentando la habilidad para concentrarse. Teniendo en cuenta que, nunca te he visto gordo, ¿qué se supone que te hacía perder la atención? ¿Las lolitas? Hombre, quizá así entendamos que recuerdes aquella época como muy feliz. Sólo tienes que ver a Ellen Burstyn en “Réquiem por un sueño”, que es como el conejito de Duracell pero con las pupilas más dilatadas que Chéryshev al recordar que estaba sancionado.

Aseguras también que podías aparcar tu dos caballos sin el ticket del parquímetro. Ahora también. Se le llama coger el metro. En cuanto a lo de ir en coche sin cinturón, pues nada, hazlo. No te cortes. Si así te sientes más libre… Eso sí, te pido que te hagas un selfie si un día sales disparado por el parabrisas. Ya verás qué risas.

¿Champán con tu novia en el Retiro? ¿Seguro que era champán? ¿Seguro que era “novia”? Es que, teniendo en cuenta, que te pones las gafas a la altura de la barbilla, quizá se trataba de gaseosa y de un huevo Kinder… ya sabes, de los que vienen con sorpresa. No, es probable que no… mi relato debe estar literaturizado.

Y, para ir acabando, sólo dos cosas: los impuestos los pagamos todos (unos más que otros) para que este país funcione. Y, segundo, resulta sorprendente que un intelectual como tú no haya descubierto que el sexo se puede tener sin coste económico alguno. Mientras tanto, abre bien los ojos y que tus pupilas se dilaten cuando te des cuenta de que los que estaban hace 40 años no se van ni con agua caliente y que la falta de libertad más importante está en las grandes cosas, como por ejemplo, decidir entre república o monarquía o que los catalanes podamos diseñar nuestro futuro. En resumen, que no puedas utilizar los servicios de una prostituta sin que te multen, sólo me preocupa por la posible carencia de libertad en el lado femenino.

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