Carta a Antonio Banderas

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Estimado, o no, Antonio:

¿Dices que te sientes rechazado por ciertos catalanes? Es preocupante. Exactamente, ¿cómo has notado este rechazo? Piensa que, con esa barba y esa mirada que pones en algunas fotos, yo me acojonaría. Y más, teniendo en cuenta que siempre te partes la caja con los chistes que cuentas, publicitando unas carcajadas que hombre… descolocan bastante por los decibelios que sueltas. El caso es que… no sé… me pregunto quiénes pueden ser esos catalanes que, según tú, te rechazan. ¿Le debes pasta a alguien? Quizá se ha fundado el “Club de acreedores de Antonio Banderas” y no te has enterado. ¿Le has quitado la novia a alguien? ¿Te llevas mal con el “Club de fans de Melanie Griffith”? ¿Le has rayado el coche a un señor de Camprodón? ¿Hay algún grupo de Facebook catalán que se llame “Si us plau, que l’Antonio Banderas no faci més doblatges d’animals que parlen”? Uf… no sé… Espera que leo lo que has dicho en una entrevista:

Lo de Catalunya es casi una cuestión shakespeariana en la que el no ser es más importante que el ser. Como español, me siento rechazado por un pueblo al que siempre he admirado, es como querer a una persona que te mira por encima del hombro y te dice que no eres suficiente para ella.

¡Ah, acabáramos! ¡Era eso! Pues podrías haber dicho de un tirón: “me siento rechazado por los catalanes independentistas de mierda, egoístas, nazis y etarras, que pasan de la Constitución, el Rey y la madre que lo parió, con lo que mola presumir de españolidad y vivir en Estados Unidos”. No hubieses sido original (ya han dicho otros cosas parecidas) pero, al menos, te hubiésemos entendido antes.

Mira, Antonio, a ver cómo te lo explico: si yo digo que “Locos en Alabama”, tu opera prima como director, es una buena película, también tengo derecho a decir que tus apariciones en Spy Kids son delirantes. Una cosa, no quita la otra. Y si yo digo que, como catalán, me siento rechazado por el estado español y por sus diferentes gobiernos, no estoy diciendo que desprecie a los españoles o que mire por encima del hombro a nadie. Entre otras cosas porque tengo la sospecha de que Montoro crearía el “Impuesto de mirar por encima del hombro” que operaría sólo en territorio catalán y que el Tribunal Constitucional impugnaría a los catalanes de más de un metro y ochenta centímetros, por si acaso.

No, Antonio, no mezcles las churras con las merinas y yo no mezclaré tus mierdas de películas en Hollywood, con las buenas películas en las que has trabajado. No es justo. Vender la imagen de que los catalanes nos sentimos superiores a los españoles forma parte del relato que ha construido el nacionalismo español más rancio. Y es que Freud se pondría las botas con la inteligencia emocional que algunos han demostrado durante estos últimos años y Goebbels se haría pipí de las risas que se echaría al ver cómo funcionan las herramientas de propaganda que él creó. Mira, puestos a sentirse rechazado, yo también me siento rechazado por unos cuantos catalanes: Marhuenda, Sánchez-Camacho, García-Albiol, Albert Rivera… Y por unos cuantos españoles: Rajoy, Montoro, Wert, Soraya SS… y toda la caverna mediática. Si quieres, montamos un programa de teleterapia con Pedro García Aguado, Chicote, Mercedes Milá, Susanna Griso y Ana Rosa Quintana. Les explicamos nuestras penas y hacemos llorar a la peña. Ya me imagino los chyrons del programa: “un señor de Vic me ha mirado mal porque llevaba una camiseta del Naranjito” o “mi novia andaluza no me habla por culpa de mi mal aliento y de ser catalán (bueno, es por lo de ser catalán)”. De verdad, es una propuesta en firme. Tú dejas de hacer el ridículo en Spy Kids y nosotros nos echamos unas risas. Piénsatelo.

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