Carta a Javier Marías #Asco

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Estimado, o no, Javier Marías:

He leído tu artículo etnicista en El País y te he de agradecer el rato de diversión que me has hecho pasar. Después de ver cómo celebran la Constitución aquellos que jamás han creído en España, resulta revelador que los intelectuales como tú os dejéis llevar por el insulto. Un poco desesperados sí que debéis estar.

Pero déjame que extraiga cuatro argumentos en favor de que no tenga el más mínimo deseo de conservar mucho más tiempo el DNI español. Y es que empiezas el artículo hablando de la película Brigadoon, que se desarrolla en un pueblo en el que el tiempo no parece haberse movido desde 1754. Al final, acabas comparando este pueblo con Catalunya. En tu favor hay que decir que no has realizado “ingeniosas” comparaciones con nazis, yihadistas, etarras o todos a la vez. Eso sí, el menosprecio ha regurgitado de tu cerebro producto de una mala digestión mental. Leamos cuatro perlas de esa concordia castiza y chulapona que tanto bien hace al independentismo (gracias, Javier):

En todas partes hay gente lista y tonta, buena y mala, razonable e irracional, escéptica e ingenua, pero hace unos años habría apostado a que en Cataluña había menos tontos y pueriles y cerriles que en muchos otros sitios. No ha sido la catalana la sociedad más elemental, ni la menos formada, ni la menos próspera, ni la más inculta, ni la menos viajada, ni la más oprimida (en contra de lo que opina a través de su impenetrable flequillo la diputada de la CUP Anna Gabriel, según la cual “bajo la opresión española vivimos una vida que no vale la pena ser vivida”; habría que preguntar cuál es su idea de la opresión a quienes sufren la tiranía del Daesh, por ejemplo).

Tontos y pueriles y cerriles”. To be or not to be. That is the question. Ser español o no serlo. Tener la verdad absoluta o no tenerla. Ése es el principal argumento en contra de la independencia de Catalunya: sois tontos y pueriles y cerriles. Si fuerais tan y tan inteligentes como los nacionalistas españoles, aplaudiríais hasta con las orejas el hecho de vivir en una monarquía espermática. Es precioso que en el NoBrigadoon el poder se siga transmitiendo de padres a hijos en una familia que ha tenido monarcas desde 1700. Para no ser Brigadoon, se parece bastante. Borbón o not Borbón. That is the question.

En serio, sé que soy tonto y pueril y cerril. Envidio vuestra capacidad intelectual, aquella que os permite seguir votando a presidentes bobalicones, incapaces de hablar un segundo idioma o de improvisar discursos que vayan más allá del “los españoles son muy españoles y mucho españoles”. Me encantaría ser tan inteligente como para elegir a visionarios de este estilo y convertirlos en mis referentes intelectuales. ¿Y la europea?

Adoraría ser tan inteligente como para tragarme la ley Mordaza sin protestar o para no empezar a preguntarme sobre la mierda de país en el que vivo cuando hay más de 1900 imputados por corrupción política y lo único que parece importar es que al Real Madrid lo hayan eliminado de la Copa del Rey por pardillo. Debe ser la hostia ser tan y tan inteligente. Que salga Mariano Rajoy, Pedro Sánchez o Albert Rivera y te hipnoticen moviendo la bandera española un rato para regalarte los oídos con lo de la unidad, dad, dad, dad (así, en eco) y lo de de constitución, ción, ción, ción y así te olvides de lo del paro, aro, aro, aro y pases por el ídem, ídem, ídem, sin llenar las calles de indignación.

Pero sigamos con tu “concordia”:

Por eso es tanto más sorprendente que una parte considerable haya creído en la fábula de Brigadoon: una Cataluña independiente y enajenada (lo estaría del mundo, no sólo de España) sería un paraíso de riqueza y bienestar, de sentimientos puros y solidarios, de personas en armonía dedicadas al baile y a los castellers, sin corrupción ni delitos, con justicia social y protección de los débiles, entregada al estudio y a las artes, y en perpetua comunión de intereses. ¿Cómo puede haberse persuadido al 47% de una sociedad evolucionada del siglo XXI de creer en los cuentos de hadas?

No sé tú pero yo no creo que una Catalunya independiente sería a corto plazo un paraíso de riqueza y bienestar o de sentimientos puros y solidarios. Pero sí que creo firmemente que sería algo que a España le cuesta bastante: un país normal. Con eso me conformo. Y los países normales deciden en las urnas el modelo de sociedad que quieren y se sienten formar parte de una comunidad que no les llama tontos, pueriles o cerriles por la “malsana” necesidad que tienen de ser ellos mismos. Por eso, Javier, permíteme que te lo diga para que me entiendas sin rodeos: ¡vete a la mierda! Directamente, así, sin atajos. Y en segundo lugar, te metes todas las referencias cinematográficas por donde te quepan. Lo que me extraña es que no hayas comparado la situación de Catalunya con la porquería de películas que hizo tu tío Jess Franco. Droga dura, campeón.

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